¿Sabías que…? “Globish”

Una nueva tendencia a la hora de aprender inglés está surgiendo entre el mundo empresarial y se extiende cada vez más  al resto de usuarios: el denominado “Globish”.

El Globish es un neologismo creado por Jean-Paul Nerrière, presidente jubilado de IMB, que surge de la unión de los términos Global e English. Esta nueva versión simplificada del inglés se basa en 1500 palabras que, combinadas, se utilizan para crear las estructuras y frases más comunes de la lengua inglesa, lo que hace que esta nueva herramienta sea muy útil para las comunicaciones internacionales, sobre todo en el mundo empresarial. Como ya vimos en el post anterior, el inglés es el lenguaje más importante en el ámbito de los negocios internacionales. Pese a que aún no está formalizado ya que fue creado expresamente para un proyecto de la compañía IBM, el Globish se está extendiendo cada vez más rápido entre los hablantes cuya lengua nativa no es el inglés.

Este nuevo método puede llegar a ser útil no sólo para el ámbito de las compañías multinacionales sino también para las personas con un nivel básico o principiante o incluso para las personas viajeras que necesiten comunicarse en el exterior.

Está claro que el Globish puede ser una herramienta muy útil para las ocasiones en las que haya distintos interlocutores que provienen de distintos lugares cuya lengua materna no sea el inglés pero, por otro lado, no hay que olvidarse que este tipo de herramientas hacen que el inglés se simplifique tanto que se pierdan los matices propios de esta maravillosa lengua.

Y tú, ¿qué piensas? ¡Déjanos tu opinión! Podéis leer todo tipo de opiniones a favor y en contra por las redes.

Marta

 

El papel del inglés en el mundo del comercio

Como en cada campo, el lenguaje utilizado en el ámbito del comercio internacional tiene rasgos específicos, siendo uno de los más importantes el uso del inglés como lingua franca.

Según argumenta Anne Johnson en su artículo “The Rise of English: The Language of Globalization in China and the European Union”, la lengua inglesa está asociada en los últimos tiempos con modernidad, desarrollo y poder económico y esta es, precisamente, la imagen que muchas empresas quieren mostrar.  La lingüista y antropóloga Sung-Yul Park añade, además, que el inglés ha llegado a adquirir el estatus de lingua franca debido a su “naturaleza neutral”.

No es que el inglés se haya desvinculado totalmente de cualquier cultura, sino más bien es todo lo contrario: está asociado a culturas muy variadas entre sí. El hecho de que se hable en puntos tan distintos del globo lo separa de una cultura en concreto y lo hace en cierta forma válido para cualquier situación multicultural y es por eso que lo convierte en el idioma perfecto para el comercio internacional.

Dentro de este campo, el inglés ha ido adaptándose a las necesidades del mismo. Además, hay que tener en cuenta que se utiliza con gran frecuencia para hacer negocios entre personas o grupos de personas cuyas lenguas maternas no son el inglés. Este es el idioma en el que un empresario español se comunica con un cliente chino; o un alemán con un peruano. Personas provenientes de lenguas y culturas completamente distintas pero que en ese momento están sumidas en un mismo campo: el del comercio internacional.

Hoy en día, cada vez más empresas (indiferentemente del tamaño de las mismas) utilizan el inglés para promocionar sus productos con la seguridad de que así llegarán a más clientes potenciales. Es habitual también encontrarse con empresas con un ambiente de trabajo muy internacional compuesto por personas provenientes de todo el planeta. Algunos de los cuales ni siquiera saben hablar (o no con fluidez) el idioma local. No es difícil encontrar, por ejemplo, empresas en Praga o en Helsinki cuya lengua más hablada por sus empleados no sea ni el checo ni el finés sino el inglés. Es un idioma que se aprende en muchos países ya desde el colegio y cuya sencilla gramática da lugar a un aprendizaje mucho más rápido que el de otros idiomas como los mentados checo y finlandés.

Rubén Roberto Rico y Evaristo Doria lo presentan en su libro “Retail Marketing” de la siguiente manera:

“En los últimos veinte años, el conocimiento del idioma inglés se ha vuelto prerrequisito para todo éxito financiero internacional. El 70% de la información almacenada en Internet es en inglés, como también lo es el 80% de la comunicación. (…) El material en japonés disponible en Internet representa menos del 5% de todo el material disponible en la red, a pesar de que Japón tiene 130 millones de habitantes y controla el 15% de la economía mundial.”

Por otro lado, países como Japón, China o Finlandia, por nombrar solo algunos, han exportado al mundo productos tecnológicos de gran calidad que hemos adquirido usuarios de todo el planeta y, sin embargo, el idioma de la tecnología no es el japonés, el chino o el finés, sino el inglés. De esto se deduce que el inglés no está exclusivamente ligado a las nuevas tecnologías, sino que hay algo más detrás. Los idiomas que acabo de mencionar son considerados idiomas difíciles de aprender ya sea por su compleja gramática o por el gran número de caracteres que utilizan. Sin embargo, el inglés usa el alfabeto latino con 26 letras, lo que resulta mucho más práctico que el chino o el japonés. Por otro lado, carece de declinaciones, salvo por el conocido genitivo sajón, y su gramática es menos compleja si la comparamos con la del idioma finlandés que cuenta con alrededor de 14 casos, además de estar alejado de la gran mayoría de los idiomas occidentales.

El inglés, por lo tanto, está asociado a un tipo de imagen más global que otros idiomas. Ya sea por razones puramente lingüísticas, económicas, sociales o históricas, el inglés es la lingua franca del mundo contemporáneo. Mientras que el francés se usa con más frecuencia en productos cosméticos o el alemán en automovilísticos, el inglés se ha apoderado de gran parte de los mercados y representa, en resumidas cuentas, una forma de economizar y revalorizar un producto.

Gema

 

Sofá, mantita y… ¡a aprender inglés!

Para todos los que queráis mejorar vuestro inglés, no solo tenéis que echar horas y horas delante de una gramática o de miles de ejercicios como dicta el método tradicional. Hay numerosas opciones como apuntarse a un intercambio lingüístico, tener amigos de fuera, viaja y un truco que funciona muy pero que muy bien es escuchar canciones (ya hablamos de la importancia de las canciones a la hora de enseñar una lengua en un post anterior Canciones para mejorar nuestro inglés ) o ver películas y series. ¡Así se aprende mientras uno está entretenido! Os dejo unas cuantas como recomendación.

Downton Abbey: ambientada en la Inglaterra de principios del siglo XX. Gira en torno a la vida aristocrática de la familia Crawley en Downton Abbey. La jerarquía inglesa y los acontecimientos de la historia tienen un gran papel en el desarrollo de cada uno de los personajes.

Es muy interesante ver la serie ya que los acentos varían según la condición social y el lugar de procedencia de cada uno de los personajes. Es una serie amena y que acaba enganchando.

Black Mirror: Para todos los amantes de la tecnología. La serie Black Mirror explora el lado más siniestro de la tecnología llevada al límite. Es una crítica satírica que puede incluso llevar al miedo ya que muchos de los episodios podrían llegar a suceder… ¿o no?.

Sherlock: Para los amantes del os clásicos en versión actual. Aquí tenéis la historia del investigador Sherlock Holmes, el personaje creado por sir Arthur Conan Doyle en el siglo XIX.   Me encanta esta serie porque los capítulos tienen una trama muy bien pensada y hay una fuerte conexión entre ellos. No es una serie sobre crimen sin un hilo bien definido.

Zootropolis: Para los fanáticos de las películas de dibujos animados. Aquí tenéis una sugerencia. La película se centra en la vida de una ciudad habitada por animales. ¿Os animáis a reíros con sus ocurrencias?

A Clockwork Orange o más conocida en España como La Naranja Mecánica. Todo un clásico a día de hoy. Muestra la vida de Alex, un joven al que le encanta la música de Beethoven y la violencia extrema. Cuando ingresa en prisión Alex se somete a una nueva experiencia de reeducación.

Slumdog Millionaire, la película que fue todo un boom  en el 2008. Jamal Malik, procedente de los suburbios de Bombay, se presenta al típico concurso de “¿Quién quiere ser millonario?”. La policía sospecha que está haciendo tramas y Jamal es interrogado e incluso extorsionado.

Éstas son solo una selección de películas y series que yo recomendaría pero por supuesto ¡hay muchísimas más! ¿Tenéis alguna sugerencia?

Marta

Y esto… ¿A qué sabe?

¿Quién dijo que la traducción es algo monótono? En ocasiones, los traductores tenemos que echar mano de nuestra capacidad creativa para llevar a cabo nuestros encargos._20170304_123455

Un ejemplo de ello es la traducción culinaria. ¿Quién no ha visto alguna vez un menú de un restaurante con platos difíciles de entender? ¡Imaginad cuando hay que traducirlos a otro idioma!

En ocasiones, la traducción tiene poco éxito y surgen nombres de exquisiteces sin sentido que invitan más a levantarse e irse que a disfrutar de los manjares. Y no ocurre sólo con nombres complicados sino con platos básicos o con productos nacionales que no existen en los demás países.

Vale, sí… puede ser que ir a cenar con un traductor a un restaurante lleve inevitablemente a una conversación sobre lo acertado (o no) de los términos escogidos (no lo podemos evitar), pero es que a veces sobra literalidad de palabras o hay una equivocación en la acepción de la palabra escogida que lleva a los hambrientos clientes a soltar una buena carcajada. ¿Qué pensarán los pobres turistas cuando pidan Nice Sauce en vez de bonito en salsa en un bonito restaurante con vistas al mar? O si piden Big Holes y les presentan un buen plato de boquerones. Y para la sobremesa un Coffe Cut  entendiendo claramente que tiene que ser un cortado. Estos españoles… (sí, sí, son casos reales).

Y si esto ocurre con platos simples imaginad la labor del traductor cuando se enfrenta a nombres como <<reliquias de ternera en su salsa con virutas de trufa>>. Conseguir que las cartas, los menús y la publicidad de un restaurante salgan airosos de los entresijos de la lengua es toda una estrategia de marketing necesaria para que el bar / restaurante de una buena impresión a sus clientes.

Ahora decidnos vosotros, ¿os habéis encontrado casos similares? 😃

Marta

Canciones para mejorar nuestro inglés

Tras casi 10 años impartiendo clases de inglés, me he enfrentado a un gran número de dificultades y he tenido la suerte de tener un alumnado muy variado. Esto ha hecho que vaya desarrollando estrategias de enseñanza basada en el tipo de alumno que tengo delante y sus dificultades específicas a la hora de adquirir el lenguaje. Pero si hay algo que tengo más que demostrado es lo útil que resulta el uso de canciones a la hora de mejorar la pronunciación u otros aspectos de una lengua.

Normalmente recomiendo saber más sobre los gustos musicales del estudiante puesto que resultará más sencillo y agradable trabajar con una canción de su gusto. Y como ya he dicho, he tenido alumnos de todo tipo así que he ido tomando canciones de muchos estilos para mis ejercicios. Además, intento que las canciones tengan cierto mensaje o algo que me dé más juego para seguir trabajando con ella a otros niveles. Por ejemplo, uno de mis alumnos es gran fan de U2, así que aproveché este hecho para trabajar su pronunciación con una de las canciones del famoso grupo irlandés y que dejara de lado la a veces difícil de entender pronunciación de los hispano-parlantes que acaban de comenzar a aprender inglés. Elegí la canción Sunday, Bloody Sunday con la que corrigió la pronunciación de “bloody”, entre otras palabras, y además se enganchó a la historia de Irlanda del Norte. Esto nos dio interesantes temas de conversación en clase, y de lectura fuera de los horarios lectivos. Escogí esta canción porque sé lo importante que es involucrar a alguien en la cultura del idioma en el que está estudiando. Con él fue Irlanda del Norte. Con otra alumna fue de la cultura estadounidense de la que se acabó enamorando a través de artistas como Joan Baez.

Esta es una lista de las que he utilizado recientemente y el tipo de ejercicios que he hecho con ellas:

  • Con Sunday, Bloody Sunday de U2 me enfrentaba a un alumno que había empezado hacía pocos meses a estudiar inglés, por lo que me centré en la pronunciación y le expliqué de qué hablaba la canción. Leímos varias veces la canción. Al principio yo decía unas pocas palabras, y él las repetía, así hasta que se aprendió cómo se pronunciaba cada palabra. De deberes le mandé que se aprendiera bien la pronunciación porque el próximo día me la iba a leer. Además le pedí que leyera un poco sobre la historia de esa canción y que me hiciera una redacción sobre el tema. En la siguiente clase corregimos dicha redacción, me leyó la canción con su correcta pronunciación y a continuación iniciamos un debate sobre los hechos narrados en la canción. Mi alumno disfrutó mucho de aquella lección (al igual que yo) y la mejora fue notable.

  • Counting stars de Onerepublic me sirvió para darle un repaso a los tiempos verbales y a su vez machacar la pronunciación. La alumna para la que preparé los ejercicios con esta canción ya tenía un nivel mucho más avanzado, sin embargo, su pronunciación seguía estancada en ciertos aspectos. Me aproveché de la cantidad de rimas que tiene esta canción sin las cuales no sonaría bien para que la alumna llegara a asociar “signs”, “line” o “find” al mismo diptongo. Le preparé el típico ejercicio con huecos en blanco que tendría que rellenar al escuchar la canción (precisamente con las palabras que rimaban entre sí), de esta forma trabajaría la comprensión auditiva, la ortografía y la pronunciación al mismo tiempo. Además, para el día siguiente le pedí que, además de aprendérsela con la pronunciación correcta como siempre pido, que me buscara otra canción de este grupo en la que también hubiera un tipo de rima semejante. Al hacer esto, descubrió un gran número de canciones que le gustaban e hizo que comenzara a escuchar este grupo a diario continuando así con su progreso con el inglés.

  • Con Listening to the Man de George Ezra también trabajé las formas verbales. En este caso mi alumno tenía que cambiar todas las formas verbales: los presentes a sus pasados correspondientes y los futuros a condicional. Es decir, tenía que cambiar el presente simple de “I feel your head resting heavy…” por “I felt your head resting heavy…” La clara pronunciación de George Ezra, las repeticiones en esta canción y el ritmo relativamente lento resultaron de gran ayuda para el estudiante.

  • Tuve un alumno gran fan de las divas norteamericanas con el que un día dimos el tema de las condicionales, así que me salió casi automático prepararle algo con If I were a Boy de Beyoncé. Tras aprender la correcta pronunciación de la letra y tratar más en profundidad construcciones como la famosa “if I were”, le pedí que escribiera su propia versión de la canción. Las condiciones eran que tenía que tener rima y que tenía que tener la construcción “if I were”, pero no hacía falta que dijera “if I were a girl”, por ejemplo, por lo que podía dejar volar su imaginación. El estudiante escribió una canción que se llamaba “if I were a toy” y empezó a contar todo lo que haría si fuera un juguete. Me reí muchísimo con aquel ejercicio y él disfrutó mientras interiorizaba el uso del condicional.

Como ya os podréis imaginar, en casi 10 años me ha dado tiempo a hacer un sinfín de ejercicios con canciones (y por supuesto, otro tipo de ejercicios para mejorar el inglés), así que preguntad sin miedo o compartid con nosotras nuevas ideas que tengáis en la sección de comentarios. Sharing is caring 🙂

Gema

El reto de “traducir” acentos

A la hora de crear un personaje ficticio se hace uso de un sinfín de elementos para darle las características necesarias que le diferencian del resto de personajes en esa historia en concreto. La forma de hablar es solo un elemento más de ellos y, sin duda alguna, juega un papel muy importante. En algunas ocasiones, el autor pretende hacer más visible la diferencia geográfica o social de ciertos personajes. A veces, un dialecto en concreto hace más realista una historia o le da un toque específico, como el acento inglés británico a las películas de fantasía o ambientadas en época medieval. Y en algunos casos, incluso es de los elementos clave de la historia, como sucede en algunas películas de humor costumbrista como Ocho Apellidos Vascos o la francesa Bienvenidos al Sur.

En estos dos ejemplos, las diferencias lingüísticas crean la base humorística de las películas cuyos argumentos giran en torno al conflicto entre sur y norte del país. ¿Os imagináis que los personajes de estas películas usaran una variedad estándar del idioma? ¿O incluso otro dialecto? ¿Cómo sonaría Dani Rovira con acento mexicano y Clara Lago con acento peruano en esta película? Probablemente sonaría incongruente y fuera de guión.

En el momento en el que esta forma de hablar se pierde en la traducción, se habrá perdido con ella parte de la caracterización del personaje. ¿Cómo evitar, en la medida de lo posible, que esto suceda? Aunque podríamos escribir libros enteros sobre este tema, intentaré resumirlo en unas cuantas frases.

Se comenzaría, como es lógico, por un análisis exhaustivo de la finalidad del uso específico de acentos. Es decir, entender por qué y para qué se eligieron esos acentos y cómo afectan a la trama.

En el caso que nos ocupa, el objetivo es que se note la diferencia de acentos entre el sur y el norte del país y crear humor con ello. Se podría, por ejemplo, hacer un doblaje con dos acentos hispano-parlantes distintos basados en las diferencias lingüísticas de los hablantes de cada zona. Es decir, el personaje de Rafa es de Sevilla y su forma de hablar tiene ciertos rasgos característicos como, por poner unos pocos ejemplos, no pronunciar las /s/ (“eses”) entre consonantes, sesear o la aspiración de la /x/ (“j” ortográfica o la “g” cuando se pronuncia como “j”) frente a la /x/ (“j” fuerte) de los personajes vascos.  Estos rasgos se podrían utilizar para crear esa diferencia dialectal en el idioma meta. Pongamos, por ejemplo, que lo queremos traducir al inglés. Al decir “Hello, my name is…” Rafa podría decirlo con una h aspirada pero no pronunciar la /s/ de “is”, mientras que Amaia podría pronunciar “hello” con el fonema /x/ (“j” española).

Otra solución sería utilizar acentos de la cultura meta que representen algo parecido. En este caso, se podría utilizar un acento del sur de Reino Unido, frente a uno del norte. O incluso que una de las partes (los andaluces, por ejemplo) tengan acento mientras que la otra utilice una forma de hablar más neutral, de esta forma, cuando Rafa tiene que perder el acento andaluz para hacerse pasar por vasco, en el doblaje en inglés sencillamente usaría una versión más estandarizada del idioma.

Otra opción es que todos los personajes utilicen la misma variedad de la lengua pero con unos pocos rasgos específicos basados en los personajes de la versión original. Por ejemplo, los personajes vascos utilizan con frecuencia palabras malsonantes como el “me cagüen to’” que Amaia dice nada más comenzar la película. Esto se podría trasladar al doblaje y de esta forma, se notaría la diferencia entre ambos grupos de personajes.

Son posibles soluciones pero no existe una mejor que las demás. La decisión final dependería de qué es lo que quieren trasmitir los autores, por ejemplo, y qué es lo que están dispuestos a sacrificar.

Gema

Declaración de intenciones

Somos de las que nos quedamos con la boca abierta cuando viajamos. Somos de las que no nos gusta hacer turismo sino mezclarnos y adentrarnos en la vida de cada lugar. Nos encanta observar, quedarnos en el aeropuerto absorbiendo pinceladas de culturas diferentes. Viajar en el metro, en el autobús y asombrarnos con la belleza de las distintas lenguas que se hablan.

¿No os ha pasado nunca? Nuestra profesión, que tanto nos apasiona, deja de lado cualquier ideología, pensamiento político, prejuicio social… nuestra profesión nos permite maravillarnos al escuchar a gente que habla un idioma distinto al nuestro. Disfrutamos cuando entendemos la lógica (o no) de una lengua, cuando somos capaces de comunicarnos con distintas culturas y, especialmente, cuando gracias a nosotras dos o varias personas pueden entenderse o llegar a un acuerdo. Y sí, eso es la traducción, eso es la interpretación, eso es la mediación. Es satisfacer las necesidades comunicativas de la sociedad cuando hay “barreras” lingüísticas. Sentir que entre los kilómetros, las diferencias culturales y los distintos idiomas existen “puentes” construidos por gente como nosotras.

Y nos reímos, igual que vosotros, cuando viajamos y no entendemos nada. Nos desesperamos cuando queremos expresar algo y no sabemos cómo, y acabamos gesticulando como si de  una discusión de mimos se tratase. Y siempre recordamos cuando fuimos a pedir “lentejas” en vez de “lentes de contacto” a una farmacia, o un “oso” en vez de una “cerveza” en un pub.

Por todo esto, por la satisfacción que nos produce empezar algo por nosotras mismas, por la felicidad que nos da saber que nuestro trabajo en el que tanto empeño ponemos ayuda a la gente a abrirse al mundo y expresarse, a darse a conocer, hacer negocios, defenderse, viajar y explorar, hoy queremos lanzar nuestro proyecto públicamente.

Hoy es toda una declaración de intenciones. Hoy queremos dedicarnos a lo que nos hace felices. ¡Entrad y echad un ojo!

Marta.

 

Choque de culturas

Mientras revisaba un texto en inglés, previamente traducido del alemán por una húngara, no podía evitar analizar la mezcla de culturas que se atisbaban en el mismo.

El alemán no es precisamente un idioma que se deje traducir con facilidad. La precisión de su vocabulario o el orden de sus oraciones suponen un reto para cualquier profesional, especialmente para alguien cuya lengua materna no es ninguna de las dos lenguas de trabajo.

El resultado en este caso era un texto que requería un esfuerzo excesivo para su correcta comprensión, aun así, estoy segura de que un gran número de lectores no conseguiría entender la totalidad del mismo. Esta brecha en la comunicación se debe principalmente al hecho de que se necesita tener ciertos conocimientos lingüísticos y culturales, a pesar de que el texto está dirigido a jóvenes sin estudios universitarios y que muy probablemente no tengan ningún contacto con la cultura y lengua alemanas.

La revisión de este texto, por tanto, se ha convertido en una laboriosa tarea de “sanación” en la que intento hacer llegar el mensaje a sus receptores. Para ello, con el texto original junto a la traducción, y manteniéndome en contacto con la traductora, analizo desde el punto de vista lingüístico y cultural cada segmento con el objetivo de romper la barrera que impide la comunicación.

Un ejemplo presente en este texto pero aplicable a otros tantos es el tipo de vocabulario “tabú” que varía de una cultura a la otra. Mientras en unas culturas la diferencia entre decir “personas discapacitadas” o “personas con discapacidad” no es relevante, en otras puede ser algo determinante en cuanto a que puede herir sensibilidades. Por supuesto, la intención del emisor no es en ningún caso ofender a nadie y, en el texto original, seguramente elija siempre los términos más adecuados para cada caso. Sin embargo, una traducción demasiado literal que no se adapta a la cultura meta puede llevar a malentendidos con consecuencias muy diversas. Pero este tipo de elecciones no varía solo de una cultura a otra, sino también de un contexto a otro, como podría ser que el uso genérico del masculino resulte sexista en ciertos casos mientras que en otros no afecte al resultado final.

Esto es, en definitiva, solo un recordatorio de la profundidad de la labor de la traducción, que muchas veces se nos presenta en forma de encrucijada en la que cuesta elegir el camino correcto y otras tantas como un callejón sin salida.

Gema

¿VERSIÓN ORIGINAL, CON O SIN SUBTÍTULOS?

Todos los que hemos visto una película, una serie, un documental o cualquier otro formato audiovisual en versión original con subtítulos hemos podido darnos cuenta alguna vez de las diferencias que existen entre lo que escuchamos y lo que leemos, especialmente si tenemos un mínimo de entendimiento del idioma original. Es frecuente notar comentarios más o menos críticos sobre la cantidad de información que el espectador puede perder si se queda solo con la información de los subtítulos. ¿Por qué ocurre esto?, ¿no hay ninguna manera de evitarlo? La respuesta, a continuación.

El subtitulado es un tipo de traducción audiovisual y cuenta con una serie de técnicas, pautas y limitaciones propias. El traductor tiene unas limitaciones muy concretas en tiempo y espacio que son inamovibles para garantizar un buen resultado final en los subtítulos.

Para tener una idea de la complejidad del asunto, el traductor que se dedica al subtitulado no tiene en cuenta sólo el contenido textual sino también el espacio y el tiempo.
Las limitaciones en el espacio vienen dadas debido a que se suele contar con dos líneas de subtítulos en pantalla, las cuales no pueden superar los 35 caracteres. Estos subtítulos pueden permanecer más o menos tiempo, según la sincronización con el audio y los cambios de imagen y escena. Como limitación temporal, el ojo humano es capaz de leer aproximadamente unas tres palabras por segundo (velocidad media de lectura). Esto significa que son necesarios unos 4 segundos de velocidad media de lectura para dos líneas de subtítulos que contienen unos 70 caracteres. ¡Y además hay que acompasar los tiempos de aparición y desaparición de los subtítulos con la entrada de audio, los cambios de escena y de imagen!

Como podéis imaginar, es mucha la cantidad de información que tendría que modificarse o (desafortunadamente) eludirse para garantizar el éxito en los subtítulos si un profesional no se encargase de evitarlo. Unos subtítulos mal sincronizados en tiempo y espacio pueden suponer un auténtico desastre para la serie, película o documental…

Y aquí viene la labor del buen traductor, que se encarga de modificar el lenguaje de la versión original y, filtrándolo con su conocimiento acerca de la lengua meta, es capaz de mantener en la medida de lo posible la esencia del producto audiovisual. Por supuesto, se puede estar más o menos de acuerdo con el resultado final pero… ¿parecía sencillo, eh? 

Marta

Por qué elegí esta profesión

472875_10200661064105217_940896246_o“Translation is not a matter of words only: it is a matter of making intelligible a whole culture.” Anthony Burguess

No diré que ojalá la traducción fuera sencillamente pasar un texto de un idioma a otro, porque si eso fuera así, no desearía ser traductora. Lo bonito de esta profesión es, sin duda, el factor más humano.

El contexto es normalmente el siguiente: existe un emisor del mensaje en una lengua fuente. Dicho emisor quiere hacer llegar ese mensaje a un receptor pero no existe una lengua franca entre ambos, por lo tanto, para que el receptor logre comprender el mensaje, ha de estar en otra lengua, la meta. Aquí entra el traductor, que hace de intermediario en la comunicación. Pasando el mensaje de la lengua fuente a la lengua meta. Terminado el trabajo. Pasamos a otro.

Esta es la teoría, de una forma un poco deshumanizada. Sin embargo, nosotras lo vemos de otra forma.

Tras haber vivido en 4 países en un ambiente siempre muy internacional, he llegado a reunir un gran número de anécdotas en lo referente a la traducción. Pero recuerdo una en concreto de mi año en la República Checa.

Volvía de Praga en tren a Brno, en un tren nocturno que había tomado a las 23:30. En esa época del año, los días eran cálidos pero por las noches  siempre refrescaba, así que cuando llegué al tren, le dejé mi mochila a mis amigos y fui al baño a cambiarme de ropa. Cuando ya había terminado, alguien llamó insistentemente a la puerta. Abrí, y me encontré de frente con una barriga uniformada, miré hacia arriba hasta encontrar el rostro, con gesto no muy amable, de uno de los agentes de seguridad de la compañía ferroviaria. Comenzó a hablarme en checo. En aquella época, mi checo era lo que yo llamaba “checo de supervivencia” pero está claro que ni siquiera a eso llegaba, pues no entendí nada de lo que me dijo. Él no hablaba inglés. Lo intentaba, pero apenas conseguía colocar tres palabras seguidas. “Follow me”, me dijo. No quería llevarle la contraria a alguien vistiendo ese uniforme, así que, con únicamente mi ropa de verano en la mano, seguí a aquel hombre.

Íbamos avanzando de vagón en vagón (mis amigos estaban en el último) y en cada uno de ellos se nos unían varios agentes más. En total, llegué a tener a cinco delante y cinco detrás. El tren paró. “Problemas de seguridad”, entendí. La gente se estaba comenzando a poner nerviosa. Ninguno de los miembros de seguridad del tren sabía inglés. Es decir, no teníamos una lengua en común en la que poder comunicarnos. Entendí que pidieron mi documentación y yo intenté explicar, en mi escaso checo, que estaba en el primer vagón (estábamos en el décimo). No me entendían. Al principio lo veía como una divertida anécdota que contar cuando volviese a España, pero en ese momento ya se había convertido en una tortura. El tren seguía parado, yo estaba cansada, nerviosa y solo quería salir de allí. ¡Cuánto daría porque una sola persona de estas diez que me tienen retenida supiera hablar español o inglés!

Saqué todo mi checo, perdido por cada rincón de mi memoria, para explicar que era una estudiante Erasmus, que había ido de visita a Praga, y que volvía a Brno porque al día siguiente tenía clase. “¿Y por qué no sabes checo?”, me preguntó una de las agentes de seguridad. Llevo semanas en este país, deme tiempo.

Mientras esperaba, mi idea del poder de la comunicación y el importante papel que juega la traducción tomaba más fuerza que nunca.

“Mi bolsa. Primer vagón. Mis amigos, allí. Mi bolsa. Primer vagón, allí. Mis amigos”. No me había vuelto loca, no. Esto era todo lo que podía decir en checo para explicar lo que pasaba.

Tras media hora de odisea, y 20 minutos parados en mitad de la nada, me dejaron regresar al primer vagón con la sola compañía del primer hombre. Recogí mis cosas, y me senté a esperar.

Si habéis leído esto hasta el final con la intención de saber qué pasó, siento decepcionaros, pero no lo vais saber. Porque yo misma sigo sin saber por qué me retuvieron a mí. Por qué vinieron a buscarme al baño. Por qué pararon un tren internacional en mitad de la nada durante 20 minutos por “problemas de seguridad” que tenían que ver conmigo. Por qué no me dejaron buscar a alguien que pudiera hacer de intérprete.

Seguramente la explicación es tan lógica como sencilla. Pero no la tengo.

Esto sencillamente me ayudó a no desviarme de mi camino: no quiero ser traductora. Quiero ser esa heroína sin capa en este tipo situaciones y en otras muchas. Quiero ser quien te haga llegar esa maravillosa novela. Quiero ser quien te permita entender lo que estás firmando. Quiero ser quien te ayude a vender tu producto en el mercado internacional. Quiero ser un soporte en la comunicación, no entre emisor y receptor, sino entre persona y persona.

Gema