Introducción al esperanto: historia y gramática

Historia:

El doctor Ludwik Lejzer Zamenhof editó en 1887 en Varsovia el primer libro dedicado a esta lengua, la que denominó como “lengua internacional”. Al hacerlo, utilizó el seudónimo Dr. Esperanto, que comenzó a usarse para denominar a la propia lengua.

En 1888 el periodista Leopold Einstein fundó el primer grupo de esperanto, y un año más tarde, en septiembre de 1889, este grupo fundaría la primera gaceta en esperanto “La Esperantisto. Gazeto por la amikoj de la Lingvo Esperanto” que se siguió publicando hasta junio de 1895. Esta es, sin duda, una buena fuente de información sobre los primeros años de esta lengua. La primera edición incluía un editorial en esperanto, alemán y francés, un fragmento de un ensayo de Zamenhof sobre el esperanto y el volapuk, e incluso un poema en alemán y en esperanto del propio Zamenhof firmado con el seudónimo Amiko.

Esta lengua llegó a España en 1898 de la mano del ex presidente de la Primera República Francisco Pi y Margall mediante un artículo publicado en el periódico “El Nuevo Régimen” (enero de 1898). Unos años más tarde, en 1903, se funda la primera sociedad dedicada a este idioma en España, llamada la Sociedad Española para la Propaganda del Esperanto. En países latinoamericanos también se fundaron asociaciones como la Asociación Argentina de Esperanto (1916) o la Sociedad Uruguaya de Esperanto (1924).

Durante unos años, el esperanto vivió un tiempo de auge en el que incluso llegó a permitirse la enseñanza de este idioma en las escuelas oficiales y universidades de países como España, país en el que se aprobó en 1911 la ley que así lo permitía.

Sin embargo, con la llegada de los autoritarismos a Europa, comenzó un receso en la propagación del esperanto. El partido Nacionalsocialista Alemán (o Partido Nazi) prohibió el esperanto en Alemania a principios de los años 30, y lo mismo hizo Stalin en la Unión Soviética. Al terminar la Guerra Civil Española, el régimen franquista también prohibió esta lengua y los gobiernos de estos tres países persiguieron a los esperantistas llegando incluso a enviarlos en muchos casos a campos de concentración.

A pesar de las prohibiciones, en 1947 se funda la Federación Española de Esperanto. Y en países como Venezuela y México se fundan asociaciones en los años 50.

En 1963 se creó en la Universidad de La Laguna la primera cátedra de esperanto del mundo, lo que demuestra que esta lengua seguía muy viva y había sobrevivido a las duras prohibiciones de los años 30 y 40.

Desde entonces, su popularidad ha tenido momentos de auge y de depresión, pero a día de hoy sigue más viva que nunca y, a pesar de estar muy lejos del lugar que Zamenhof se había imaginado que ocuparía este idioma, el esperanto es la lengua planificada internacional más hablada del mundo y sigue extendiéndose gracias a la globalización y a internet, gracias a, por ejemplo la versión en esperanto de la Wikipedia creada en 2001 o a que en 2012 Google Translate lo incluyera entre sus idiomas.

“Esta es la idea interna del esperanto: sobre una base lingüística neutral, eliminar las barreras entre los pueblos e ir acostumbrando a las personas a que vean en su prójimo solo a una persona y un hermano.”


L. L. Zamenhof, 1912

Gramática:

Desde un principio, el esperanto se creó para convertirse en una lengua internacional. Para conseguirlo, se creó una gramática simplista y regular.

El esperanto tiene 11 morfemas gramaticales (-o=substantivo, -e=adverbio, -j=plural, -n=acusativo, -i=infinitivo, -as=presente, -is=pasado, -os=futuro, -us=condicional, -u=imperativo y subjuntivo).

Solo tiene el artículo definido (no existe el indefinido, lo que en español serían un, una, unos, unas).

Ejemplos de cómo funcionan algunas categorías gramaticales:

Nombres:

Terminan en -o. El plural se forma añadiendo -j. Y el acusativo añadiendo -n.

Adjetivos y adverbios:

Los adjetivos terminan en -a y los adverbios en -e. El acusativo y el plural se forman igual que en el caso de los nombres. El comparativo se forma con la palabra pli (más) y el superlativo con plej (el/la/los/las más).

 Ej: La bruna hundo estas pli granda ol la nigraj katoj

                        (El perro marrón es más grande que los gatos negros)

Numerales:

unu, du, tri, kvar, kvin, ses, sep, ok, nau, dek, cent (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, y 100). Para formar los números a partir del 11 hasta el 999, se yuxtaponen los números escritos arriba. Por ejemplo: 900 sería naucent mientras que 90 sería naudek. Los ordinales se forman como los adjetivos: añadiendo -a al número. Quinto se dice kvina.

Verbos:

Las personas no se conjugan y los tiempos verbales se forman añadiendo un sufijo a la raíz. -as (presente), -is (pasado), -os (futuro), -us (condicional), -u (imperativo), -ant (infinitivo), -int (pasado activo), etc.

Ejemplos:

            Mi amas vin – te amo

            Mi amis vin – te amé

            Mi amos vin – te amaré

            Mi amus vin – te amaría

            Amu min – ámame


En esperanto es relativamente sencillo crear nuevas palabras simplemente uniendo palabras ya existentes o prefijos.

Por ejemplo:

Porko, porkino, porkejo, porkido, porkaro

Cerco, cerda, pocilga, lechón, piara

De “san” (salud, sano) se derivan palabras como “malsana” (enfermo), “malsanulo” (una persona enferma), “malsanulejo” (hospital) o “sanigilio” (remedio)


Enlaces externos

Fuentes:

Dasgupta, Probal. “Carlo Minnaja and Giorgio Silfer.Historio De La Esperanta Literaturo.” Language Problems and Language Planning, vol. 40, no. 3, 2016, pp. 316–319., doi:10.1075/lplp.40.3.06das.

Korzhenkov, Aleksandr (2009). Tonkin, Humphrey (ed.). Zamenhof: The Life, Works and Ideas of the Author of Esperanto. New York: Mondial. ISBN 978-1-59569-167-5. LCCN 2010926187. Retrieved November 16, 2017.

Schor, Esther (2016). Bridge of Words: Esperanto and the Dream of a Universal Language. New York: Henry Holt and Company. ISBN 978-1-42994-341-3. LCCN 2015018907. Retrieved November 16, 2017.

Wells, John. 1989 Lingvistikaj aspektoj de Esperanto («Aspectos lingüísticos del Esperanto»). Segunda edición. Rotterdam: Universala Esperanto-Asocio.

Palabras casi imposibles de traducir

Las personas que utilizan dos o más lenguas en su día a día (sea por la razón que sea) me entenderán. Y es que hay veces que estás hablando en un idioma al que le falta la palabra que necesitas y que ese otro idioma sí que la tiene. ¿Os suena? Yo lo sufro constantemente, puesto que el alemán es un idioma muy concreto y tiene palabras que en español no existen para definir algo que en español describiríamos utilizando más de una palabra.

Aunque mi mayor problema lo tengo precisamente con la palabra “destemplado”, puesto que los alemanes ni siquiera conocen el concepto de “tener frío, aunque no lo hace porque te has quedado frío”. Para ellos, si tienen frío, es que lo hace. Y seguramente enciendan la calefacción calentando la habitación a temperaturas propias del núcleo terráqueo (grado arriba, grado abajo). Mis mejores amigos ya han aprendido esta palabra hasta el punto de que una de ellas me dijo un día en alemán: “ahora me doy cuenta de que estoy muy a menudo destemplada”. Básicamente, al tener una palabra que lo defina ahora es capaz de reconocer este fenómeno. Algo así como pasa con algunas lenguas de los inuit y sus innumerables palabras para definir los distintos tipos de nieve que nosotros no podríamos ni reconocer.

Todo esto me dio que pensar y decidí comenzar la investigación con la ayuda de Don Google, mis libros y mis amigos provenientes de todos los rincones de planeta para haceros una lista de palabras “intraducibles”:

Mangala (sueco): el reflejo de la luna en el agua en forma de camino.

Meraki (griego): volcarse de todo corazón en hacer algo como cocinar y haciéndolo con creatividad y mucho cariño.

Kilig (tagal): las “mariposas en el estómago” en situaciones románticas.

Jugaad (hindi): asegurarse de que las cosas se realizan, aunque no se tengan muchos medios para ello.

Fika (sueco): juntarse para hablar y darse un respiro de las rutinas del día a día, normalmente para beber café y comer dulces normalmente durante largo tiempo.

Löyly (finés): el vapor de la sauna al echar agua sobre las brasas.

Hiraeth (galés): echar de menos algo (épocas, personas, animales, objetos, etc.) que quizás ya no exista o no pueda volver a formar parte de tu vida. También se puede utilizar la nostalgia o la morriña que descendientes de inmigrantes sienten hacia la tierra de sus ancestros aunque ellos mismos no hayan estado allí nunca. También la nostalgia que se siente hacia Gales o hacia el pasado galés.

Tíma (islandés): no tener la intención de gastar dinero en algo en concreto a pesar de poder permitírselo.

Komorebi (japonés): los rayos del sol que se cuelan entre las hojas de los árboles.

Toska (ruso): sentir nostalgia del lugar en el que naciste.

Gigil (tagal): el incontrolable deseo de abrazar con fuerza a una persona solo porque la amas.

Kalsarikänni (finés): quedarse solo en casa emborrachándose en ropa interior.

Razljubit (ruso): el sentimiento que tienes por alguien de quien estuviste enamorado. La amarga sensación al desenamorarse.

Gjensynsglede (noruego): la alegría de reencontrarse con alguien después de haber estado mucho tiempo sin verse.

Saudade (portugués): sentir nostalgia, morriña o añoranza por algo que no se tiene.

Destemplado (español): tener frío cuando no lo hace. Por ejemplo, cuando una persona está parada durante mucho tiempo después de haber hecho ejercicio y haber sudado. También cuando se tiene fiebre.

Cafuné (portugués brasileño): acariciar el pelo de una persona suavemente con los dedos.

Culaccino (italiano): la marca que dejan los vasos en la mesa.

Plimpplampplettere (neerlandés): ¿conoces el “juego” de lanzar una piedra al lago para que vaya dando “saltitos” sobre el agua? Pues bien, a ese juego es a lo que los holandeses llaman Plimpplampplettere.

Hyggelig (danés): la sensación cálida, positiva y de estar cómodo que sientes cuando estás con amigos o personas que aprecias.

Wanderlust (alemán): esas ansias de viajar y explorar.

Jayus (indonesio): los chisten tan, tan malos que resultan graciosos precisamente por lo malos que son. También se llama así a las personas que cuentan esos chistes.

Kummerspeck (alemán): el sobrepeso causado por comer de forma excesiva debido a un estado emocional inestable o sencillamente cuando se está triste.

Boketto (japonés): quedarse mirando la nada sin pensar en algo en concreto.

Karelu (tulu): la marca que deja algo ajustado en la piel.

Struisvogelpolitiek (neerlandés): hacer como que no te has dado cuenta de que algo malo ha pasado y actuar como si nada.

Mamihlapinatapai (yagán): piensa en esas situaciones en las que una persona muy cercana a ti y tú os miráis y sabéis exactamente lo que estáis pensando y lo que vais a hacer en ese momento. Los yaganes tienen una palabra para eso: mamihlapinatapai.

Resfeber (sueco): los nervios y el pulso acelerado del viajante junto antes de comenzar el viaje.

Tiám (farsi): el brillo en los ojos cuando conoces a alguien nuevo.

Poronkusema (finlandés): la distancia que un reno puede caminar sin cansarse antes de hacer un descanso.

Warmduscher (alemán): literalmente significa “persona que se ducha con agua caliente”. Se refiere normalmente a la persona que no está dispuesta a esforzarse y a salir de su zona de confort.

Murr-ma (wagiman): buscar algo en el agua solo con los pies.

Drachenfutter (alemán): el regalo que una persona le da a otra que está enfadada con la primera, normalmente se utiliza en el contexto de pareja. Literalmente significa “forraje para dragones”.

Szimpatikus (húngaro): a veces conocemos a alguien y desde el primer momento tenemos la sensación de que son buenas personas, aunque los acabemos de conocer. En esos casos podemos definir a estas personas como “szimpatikus”.

Iktsuarpok (inuit): salir constantemente a comprobar si alguien viene.

Sobremesa (español): tiempo que se pasa a la mesa después de haber comido, normalmente para pasar un rato con los otros comensales.

Pålegg (noruego): todo los alimentos que se pueden poner o untar en una rebanada de pan.

Tsundoku (japonés): comprar un libro y dejarlo sin haberlo leído, normalmente junto a otros libros que tampoco has leído.

Naz (urdu): el orgullo y la tranquilidad de saber que alguien te ama de forma incondicional.

Cotisuelto (español caribeño): quien lleva la camisa siempre fuera de los pantalones.

Waldeinsamkeit (alemán): la sensación positiva que proviene de estar solo en el bosque.

La lista puede hacerse interminable, pero lo dejamos aquí… de momento. Si a alguien entre nuestros lectores se le ocurre otra palabra, que no dude en ponerse en contacto con nosotros y alimentar al monstruo lingüista que llevamos dentro y está ansioso de conocer más curiosidades sobre las lenguas del mundo.

El papel del inglés en el mundo del comercio

Como en cada campo, el lenguaje utilizado en el ámbito del comercio internacional tiene rasgos específicos, siendo uno de los más importantes el uso del inglés como lingua franca.

Según argumenta Anne Johnson en su artículo “The Rise of English: The Language of Globalization in China and the European Union”, la lengua inglesa está asociada en los últimos tiempos con modernidad, desarrollo y poder económico y esta es, precisamente, la imagen que muchas empresas quieren mostrar.  La lingüista y antropóloga Sung-Yul Park añade, además, que el inglés ha llegado a adquirir el estatus de lingua franca debido a su “naturaleza neutral”.

No es que el inglés se haya desvinculado totalmente de cualquier cultura, sino más bien es todo lo contrario: está asociado a culturas muy variadas entre sí. El hecho de que se hable en puntos tan distintos del globo lo separa de una cultura en concreto y lo hace en cierta forma válido para cualquier situación multicultural y es por eso que lo convierte en el idioma perfecto para el comercio internacional.

Dentro de este campo, el inglés ha ido adaptándose a las necesidades del mismo. Además, hay que tener en cuenta que se utiliza con gran frecuencia para hacer negocios entre personas o grupos de personas cuyas lenguas maternas no son el inglés. Este es el idioma en el que un empresario español se comunica con un cliente chino; o un alemán con un peruano. Personas provenientes de lenguas y culturas completamente distintas pero que en ese momento están sumidas en un mismo campo: el del comercio internacional.

Hoy en día, cada vez más empresas (indiferentemente del tamaño de las mismas) utilizan el inglés para promocionar sus productos con la seguridad de que así llegarán a más clientes potenciales. Es habitual también encontrarse con empresas con un ambiente de trabajo muy internacional compuesto por personas provenientes de todo el planeta. Algunos de los cuales ni siquiera saben hablar (o no con fluidez) el idioma local. No es difícil encontrar, por ejemplo, empresas en Praga o en Helsinki cuya lengua más hablada por sus empleados no sea ni el checo ni el finés sino el inglés. Es un idioma que se aprende en muchos países ya desde el colegio y cuya sencilla gramática da lugar a un aprendizaje mucho más rápido que el de otros idiomas como los mentados checo y finlandés.

Rubén Roberto Rico y Evaristo Doria lo presentan en su libro “Retail Marketing” de la siguiente manera:

“En los últimos veinte años, el conocimiento del idioma inglés se ha vuelto prerrequisito para todo éxito financiero internacional. El 70% de la información almacenada en Internet es en inglés, como también lo es el 80% de la comunicación. (…) El material en japonés disponible en Internet representa menos del 5% de todo el material disponible en la red, a pesar de que Japón tiene 130 millones de habitantes y controla el 15% de la economía mundial.”

Por otro lado, países como Japón, China o Finlandia, por nombrar solo algunos, han exportado al mundo productos tecnológicos de gran calidad que hemos adquirido usuarios de todo el planeta y, sin embargo, el idioma de la tecnología no es el japonés, el chino o el finés, sino el inglés. De esto se deduce que el inglés no está exclusivamente ligado a las nuevas tecnologías, sino que hay algo más detrás. Los idiomas que acabo de mencionar son considerados idiomas difíciles de aprender ya sea por su compleja gramática o por el gran número de caracteres que utilizan. Sin embargo, el inglés usa el alfabeto latino con 26 letras, lo que resulta mucho más práctico que el chino o el japonés. Por otro lado, carece de declinaciones, salvo por el conocido genitivo sajón, y su gramática es menos compleja si la comparamos con la del idioma finlandés que cuenta con alrededor de 14 casos, además de estar alejado de la gran mayoría de los idiomas occidentales.

El inglés, por lo tanto, está asociado a un tipo de imagen más global que otros idiomas. Ya sea por razones puramente lingüísticas, económicas, sociales o históricas, el inglés es la lingua franca del mundo contemporáneo. Mientras que el francés se usa con más frecuencia en productos cosméticos o el alemán en automovilísticos, el inglés se ha apoderado de gran parte de los mercados y representa, en resumidas cuentas, una forma de economizar y revalorizar un producto.

Gema

 

Choque de culturas

Mientras revisaba un texto en inglés, previamente traducido del alemán por una húngara, no podía evitar analizar la mezcla de culturas que se atisbaban en el mismo.

El alemán no es precisamente un idioma que se deje traducir con facilidad. La precisión de su vocabulario o el orden de sus oraciones suponen un reto para cualquier profesional, especialmente para alguien cuya lengua materna no es ninguna de las dos lenguas de trabajo.

El resultado en este caso era un texto que requería un esfuerzo excesivo para su correcta comprensión, aun así, estoy segura de que un gran número de lectores no conseguiría entender la totalidad del mismo. Esta brecha en la comunicación se debe principalmente al hecho de que se necesita tener ciertos conocimientos lingüísticos y culturales, a pesar de que el texto está dirigido a jóvenes sin estudios universitarios y que muy probablemente no tengan ningún contacto con la cultura y lengua alemanas.

La revisión de este texto, por tanto, se ha convertido en una laboriosa tarea de “sanación” en la que intento hacer llegar el mensaje a sus receptores. Para ello, con el texto original junto a la traducción, y manteniéndome en contacto con la traductora, analizo desde el punto de vista lingüístico y cultural cada segmento con el objetivo de romper la barrera que impide la comunicación.

Un ejemplo presente en este texto pero aplicable a otros tantos es el tipo de vocabulario “tabú” que varía de una cultura a la otra. Mientras en unas culturas la diferencia entre decir “personas discapacitadas” o “personas con discapacidad” no es relevante, en otras puede ser algo determinante en cuanto a que puede herir sensibilidades. Por supuesto, la intención del emisor no es en ningún caso ofender a nadie y, en el texto original, seguramente elija siempre los términos más adecuados para cada caso. Sin embargo, una traducción demasiado literal que no se adapta a la cultura meta puede llevar a malentendidos con consecuencias muy diversas. Pero este tipo de elecciones no varía solo de una cultura a otra, sino también de un contexto a otro, como podría ser que el uso genérico del masculino resulte sexista en ciertos casos mientras que en otros no afecte al resultado final.

Esto es, en definitiva, solo un recordatorio de la profundidad de la labor de la traducción, que muchas veces se nos presenta en forma de encrucijada en la que cuesta elegir el camino correcto y otras tantas como un callejón sin salida.

Gema

Por qué elegí esta profesión

472875_10200661064105217_940896246_o“Translation is not a matter of words only: it is a matter of making intelligible a whole culture.” Anthony Burguess

No diré que ojalá la traducción fuera sencillamente pasar un texto de un idioma a otro, porque si eso fuera así, no desearía ser traductora. Lo bonito de esta profesión es, sin duda, el factor más humano.

El contexto es normalmente el siguiente: existe un emisor del mensaje en una lengua fuente. Dicho emisor quiere hacer llegar ese mensaje a un receptor pero no existe una lengua franca entre ambos, por lo tanto, para que el receptor logre comprender el mensaje, ha de estar en otra lengua, la meta. Aquí entra el traductor, que hace de intermediario en la comunicación. Pasando el mensaje de la lengua fuente a la lengua meta. Terminado el trabajo. Pasamos a otro.

Esta es la teoría, de una forma un poco deshumanizada. Sin embargo, nosotras lo vemos de otra forma.

Tras haber vivido en 4 países en un ambiente siempre muy internacional, he llegado a reunir un gran número de anécdotas en lo referente a la traducción. Pero recuerdo una en concreto de mi año en la República Checa.

Volvía de Praga en tren a Brno, en un tren nocturno que había tomado a las 23:30. En esa época del año, los días eran cálidos pero por las noches  siempre refrescaba, así que cuando llegué al tren, le dejé mi mochila a mis amigos y fui al baño a cambiarme de ropa. Cuando ya había terminado, alguien llamó insistentemente a la puerta. Abrí, y me encontré de frente con una barriga uniformada, miré hacia arriba hasta encontrar el rostro, con gesto no muy amable, de uno de los agentes de seguridad de la compañía ferroviaria. Comenzó a hablarme en checo. En aquella época, mi checo era lo que yo llamaba “checo de supervivencia” pero está claro que ni siquiera a eso llegaba, pues no entendí nada de lo que me dijo. Él no hablaba inglés. Lo intentaba, pero apenas conseguía colocar tres palabras seguidas. “Follow me”, me dijo. No quería llevarle la contraria a alguien vistiendo ese uniforme, así que, con únicamente mi ropa de verano en la mano, seguí a aquel hombre.

Íbamos avanzando de vagón en vagón (mis amigos estaban en el último) y en cada uno de ellos se nos unían varios agentes más. En total, llegué a tener a cinco delante y cinco detrás. El tren paró. “Problemas de seguridad”, entendí. La gente se estaba comenzando a poner nerviosa. Ninguno de los miembros de seguridad del tren sabía inglés. Es decir, no teníamos una lengua en común en la que poder comunicarnos. Entendí que pidieron mi documentación y yo intenté explicar, en mi escaso checo, que estaba en el primer vagón (estábamos en el décimo). No me entendían. Al principio lo veía como una divertida anécdota que contar cuando volviese a España, pero en ese momento ya se había convertido en una tortura. El tren seguía parado, yo estaba cansada, nerviosa y solo quería salir de allí. ¡Cuánto daría porque una sola persona de estas diez que me tienen retenida supiera hablar español o inglés!

Saqué todo mi checo, perdido por cada rincón de mi memoria, para explicar que era una estudiante Erasmus, que había ido de visita a Praga, y que volvía a Brno porque al día siguiente tenía clase. “¿Y por qué no sabes checo?”, me preguntó una de las agentes de seguridad. Llevo semanas en este país, deme tiempo.

Mientras esperaba, mi idea del poder de la comunicación y el importante papel que juega la traducción tomaba más fuerza que nunca.

“Mi bolsa. Primer vagón. Mis amigos, allí. Mi bolsa. Primer vagón, allí. Mis amigos”. No me había vuelto loca, no. Esto era todo lo que podía decir en checo para explicar lo que pasaba.

Tras media hora de odisea, y 20 minutos parados en mitad de la nada, me dejaron regresar al primer vagón con la sola compañía del primer hombre. Recogí mis cosas, y me senté a esperar.

Si habéis leído esto hasta el final con la intención de saber qué pasó, siento decepcionaros, pero no lo vais saber. Porque yo misma sigo sin saber por qué me retuvieron a mí. Por qué vinieron a buscarme al baño. Por qué pararon un tren internacional en mitad de la nada durante 20 minutos por “problemas de seguridad” que tenían que ver conmigo. Por qué no me dejaron buscar a alguien que pudiera hacer de intérprete.

Seguramente la explicación es tan lógica como sencilla. Pero no la tengo.

Esto sencillamente me ayudó a no desviarme de mi camino: no quiero ser traductora. Quiero ser esa heroína sin capa en este tipo situaciones y en otras muchas. Quiero ser quien te haga llegar esa maravillosa novela. Quiero ser quien te permita entender lo que estás firmando. Quiero ser quien te ayude a vender tu producto en el mercado internacional. Quiero ser un soporte en la comunicación, no entre emisor y receptor, sino entre persona y persona.

Gema