Cómo aprendí alemán sin ir a clases

Desde que estoy en Alemania mucha gente me ha preguntado cómo he conseguido aprender alemán sin ir a clases. Si no tengo tiempo para una respuesta larga, simplemente contesto: “bueno, no tuve alternativa. Estando aquí tengo hablar alemán todos los días”. Pero muchos me responden que conocen a alguien que (o quizás ellos mismos) lleva años viviendo en Alemania y tiene un nivel más bajo que yo. Por otro lado, conozco muchos extranjeros en España que aprendieron el idioma increíblemente rápido y muchos españoles lo achacan a que nuestro idioma es fácil o a que esas personas tienen un don para aprenderlo. También conozco extranjeros en Alemania que en un año hablaban el idioma. Entonces, ¿por qué unos sí y otros no? ¿Talento natural?

Para empezar, he de decir que nunca he creído en el talento natural, al menos no en el mío, porque todo lo que he conseguido hasta ahora ha sido con mucho esfuerzo y trabajo.

En el caso del alemán, sí que había ido a clases en España antes de mudarme a Alemania. Pero iba una vez a la semana y ni siquiera hacía los deberes porque estaba saturada con la carrera. Sí, en esa época no di el 100%, lo reconozco. Sin embargo, aunque no avanzaba, me negaba a dejarlo porque siempre me ha encantado este idioma.

Cuando me mudé a Alemania, creía que las clases de alemán en España me habrían servido de algo y que no tendría mayores problemas. Estaba muy equivocada.

El primer día me di cuenta de que no podía comunicarme en alemán, así que no me quedaba de otra que ponerme las pilas.

Intenté leerme un libro de los llamados “easy-reader” sobre la vida de un perro llamado Benno. Las frases eran algo así como “Benno tiene dos años. A Benno le gusta ir al parque con su amo, Max. ¡Qué divertido es ir al parque con Max”. Pues bien, no podía entender la historia del libro.

Así que comenzó mi aventura con este idioma y os voy a resumir cómo aprendí a hablar alemán:

  1. Trabajaba en una organización donde solo hablábamos alemán (o mejor dicho: ellos lo hablaban. Yo solo destrozaba el idioma). Así que mi día a día era intentar comunicarme en alemán. Y hablaba. Aunque no tuviera sentido lo que dijese. Aunque metiese palabras en inglés o español. Aunque tuviera que buscar el 90% de las palabras en el diccionario. Aunque me pasara la vida pegando patadas al diccionario. Yo hablaba. Y mis compañeros esperaban pacientemente a que yo terminara de formar una frase. Era muy frustrante y tuve que sacar fuerzas de flaqueza para seguir intentándolo.
  2. Pedí a todos mis compañeros germanohablantes que me corrigieran al hablar. Al principio les pedí que me corrigieran los errores que hacían que no se me pudiera entender (ignorando el resto de errores). Y poco a poco, según fui aprendiendo, les pedí que fueran más exigentes, corrigiendo también otro tipo de errores que, aunque no evitaban que se me entendiese, eran al fin y al cabo, errores.
  3. Tenía una lista de 10 palabras en mi escritorio relacionadas con mi día a día en la organización. Palabras que oía constantemente pero que me costaba aprender. Cuando había aprendido una, la sustituía por otra.
  4. Utilicé recursos online, aplicaciones para el teléfono, etc. En esta entrada profundizo más en este punto (no quiero extenderme demasiado).
  5. Mi compañera de piso llenó la casa de etiquetas. Al principio me pareció una locura, pero fue la única manera de conseguir que pudiese hablar con mis compañeros sobre las tareas de casa, por ejemplo, ya que no me sabía el nombre de ningún electrodoméstico.
  6. Para mejorar la pronunciación, leía en alto y mis amigos alemanes corregían mi pronunciación en los casos en los que no se podía entender lo que decía.
  7. Me compré unos e-books en alemán y, junto con los que amigos alemanes me dieron, reuní una gran cantidad de textos en este idioma. Me descargué un diccionario y cada vez que no entendía una palabra, la buscaba. Para esto me tuve que armar de paciencia, no os voy a engañar. De hecho, casi nunca podría haber resumido los textos que intentaba leer, pero sí que aprendí muchísimo vocabulario.
  8. Cambié el idioma de mi teléfono a alemán. Al principio me volvía loca, pero ahora, dos años más tarde, se me haría raro tenerlo en español o inglés.
  9. Veía series y películas en alemán. La primera serie que vi fue Deutschland 83 aunque desde entonces he visto unas cuantas más, como “Dark”.
  10. Escuchaba mucha música en alemán, comenzando por música pop, puesto que es más pegadiza y los textos no son excesivamente complejos.

Algunos de estos “truquillos” ya los había mencionado en otro post, así que echadle un ojo si queréis entender cómo te pueden ayudar a ti.

Estamos encantados de leer vuestras anécdotas a la hora de aprender un idioma, así que no dudéis en compartir con nosotros cómo habéis conseguido aprender las lenguas extranjeras que conocéis.

Espero que os sirva mi experiencia para motivaros a seguir aprendiendo. ¡Mucho ánimo!

Gema

No, no se te dan mal los idiomas.

Cada vez escuchamos más afirmaciones como “soy un negado con el inglés” o “se me dan mal los idiomas” entre grupos de personas que hablan de viajar, de aprender nuevos idiomas, de los requisitos para obtener un trabajo… ¡Esto se acabó! Y no, no tenemos la “fórmula mágica” para que las personas nazcan sabiendo idiomas, pero sí que tenemos las claves para desmontar el mito. Aquí va nuestro último “empujoncito” del 2017:

1. Nadie es un negado para los idiomas. 

Es verdad que la aptitud de cada uno es un factor importante a la hora de llevar a cabo una tarea. Sin embargo, una persona no está destinada al fracaso desde que nace. Con esfuerzo y actitud se consiguen los objetivos. La edad es otro de los factores que influye, pero no tanto como se cree. El cerebro de los niños tiene mucha más plasticidad para absorber nuevos conocimientos pero el cerebro de los adultos tiene muchas más técnicas y métodos asimilados para hacerlo. ¡Nunca es tarde!

2. ¡Motívate!

La motivación personal, bien por causas externas o internas a la persona, es uno de los factores más relevantes en el aprendizaje de un idioma. No lo decimos nosotras, lo dicen numerosos estudios sobre la adquisición de un segundo idioma así como los manuales para los profesores y teorías de aprendizaje. ¿Te encanta la cultura británica?, ¿quieres ir a vivir a Australia una temporada?, ¿te piden un nivel de inglés para conseguir el trabajo de tus sueños? Seguro que así la predisposición para aprender cualquier lengua es mucho mayor, y la actitud y el esfuerzo dedicado a cumplir los objetivos en el menor tiempo posible también lo serán.

3. Elige unos buenos métodos de aprendizaje.

Los métodos de enseñanza y aprendizaje de un idioma han ido cambiando a lo largo de los años. Actualmente, se da mucha importancia a la enseñanza en contextos reales y en los que el alumno tenga una gran capacidad de interacción oral promovida por el profesor. Sin embargo, hay infinidad de métodos que se adaptan al nivel y necesidades de cada estudiante. Por supuesto, no hace falta ir a una academia para aprender un idioma. También hay métodos autodidactas que, aunque requieren esfuerzo y compromiso con uno mismo, dan muy buenos resultados. No todo es una cuestión académica y formal, como podéis ver en otros de nuestros artículos publicados, hay muchas otras actividades que se pueden realizar para mejorar. Os animamos a releer nuestro post: 8 trucos para aprender idiomas de forma autónoma.

4. Viaja, escucha, lee.

Sí, como lo lees. Lo mejor que puede suceder para aprender un idioma es ir una temporada a algún lugar donde lo hablen. Practicarás, conocerás gente, conocerás una nueva cultura y todo esto mientras tu cerebro va absorbiendo todo el conocimiento sobre el idioma. Tu motivación crecerá ya que la experiencia será positiva y te darás cuenta de que lo aprendido hasta el momento es útil y efectivo. Si no puedes hacer eso (entendemos que es difícil), intenta ir a algún intercambio de idiomas (language exchange), hacer amigos nativos del idioma que estés aprendiendo o participar en foros de intercambio de idiomas. Haz todo lo que puedas para tener el idioma elegido en tu día a día.

A todos estos consejos podéis añadir cualquier otro u otros que os sirvan para comprobar que… ¡nunca es tarde para aprender un idioma nuevo! ¿Os hemos convencido?

Marta

8 trucos para aprender idiomas de forma autónoma

  1. Dedícale tiempo todos los días

Ponte el objetivo de que no pase ni un solo día en el que no hayas practicado o aprendido ese idioma que quieres poder hablar. Habrá días en los que estés muy cansado y no tengas ganas de hacer ejercicios de gramática o aprender listas de vocabulario, pero eso no quiera decir que esos días no avances en tu aprendizaje. Escucha música, lee algo de tu interés (novelas, libros de temas que te interesen, revistas, etc.), ve una película o un capítulo de una serie en el idioma que estás aprendiendo. También puedes quedar con alguien con quien puedas hablar el idioma, como algún amigo o familiar, pero también algún tándem, o acudiendo a alguna quedada grupal para practicar el idioma que estás aprendiendo. La cuestión es tener contacto diario con dicho idioma.

  1. “Etiqueta”

Cuando comencé a aprender alemán, conviví con una húngara que había empapelado la casa etiquetando todo con el nombre (y su correspondiente artículo) de una infinidad de objetos. Me pareció excesivo, pero ahora que me tengo que comunicar solo en alemán, lo agradezco.

Decide qué quieres aprender, y apunta su nombre. Palabras de objetos que utilices en tu día a día o en tu trabajo, por ejemplo. Si trabajas en una oficina, puedes empezar etiquetando palabras como “calendario”, “ordenador”, “teclado”. Cuando te las hayas aprendido, quitas las etiquetas y le pones el nombre a otros objetos.

  1. Apunta vocabulario en lugares visibles

Una variante para aprender vocabulario es tener en una zona muy visible, una lista de palabras que quieras o necesites aprender. Puedes escribirlas a lápiz en una hoja de un bloc pequeño. De esta forma, solo tendrás unas pocas palabras y no te “agobiará”. Las que ya te sepas, las borras y las sustituyes por otras.

  1. Usa las nuevas tecnologías

Hoy en día hay un sinfín de recursos para aprender un idioma, como ya os comentamos aquí. Aprovéchate de esta ventaja para avanzar con mayor facilidad.

  1. Piensa en otro idioma

Cuando estés solo, intenta narrar lo que haces en la lengua que estás estudiando. De esta forma te darás cuenta de lo que aún no sabes decir. Apúntalo y entérate de cómo se dice. De esta forma, irás supliendo poco a poco las carencias que tienes a la hora de comunicarte en el día a día.

  1. Aprende mientras te tomas un descanso viendo tus redes sociales

Usa las redes sociales para aprender ese idioma siguiendo páginas o personas de tu interés que lo usen normalmente. Además, el vocabulario y las expresiones que aprendas de esta forma estará relacionada con algo de tu interés. Esto facilitará que puedas hablar de ello o que puedas leer o ver series, películas, programas, etc. en la lengua que estás aprendiendo. Esto, entre otras cosas, te aportará motivación y por lo tanto te ayudará a seguir mejorando.

  1. Cambia el idioma de tus dispositivos electrónicos

O de tus redes sociales. Tardarás poco en acostumbrarte porque probablemente ya te los conozcas de memoria y así ampliarás tu vocabulario sin esfuerzo.

  1. Busca una motivación y no te permitas olvidarla

Si empezaste a aprender este idioma es porque tenías una razón para ello. Sin embargo, a veces el arduo camino nos hace olvidar cuál era esa razón. Tenla clara (o claras) y si es necesario: apúntala. Cuando te encuentres en un momento de desmotivación, relee la razón o razones por las cuales comenzaste. También puedes grabarte hablando (o intentando hablar) dicho idioma, y cuando hayas perdido la motivación tiempo más tarde, vuelve a ver el vídeo para ver tu progreso. Verás que tu trabajo y constancia da resultado y recuperarás tu motivación.

 

Sé constante siguiendo estas pequeñas pautas y verás cómo acabas consiguiendo tu objetivo. Si conoces algún otro truco, cuéntanoslo. Estaremos encantadas de conocerlo.

Viel Erfolg! 😊

Gema

Páginas webs y apps para aprender idiomas

Internet ofrece un mundo de posibilidades para aprender un nuevo idioma, desde las más habituales, como ver vídeos, series, películas o escuchar canciones, hasta otras más innovadoras, rudimentarias o específicas. En este artículo presentamos algunas de las páginas webs donde se puede aprender un idioma de forma autónoma:

Halagada por usuarios e instituciones y ganadora de distintos galardones, Busuu es una comunidad on-line en la que el usuario puede elegir entre los 12 idiomas ofertados (alemán, árabe, chino, español, francés, inglés, italiano, japonés, polaco, portugués, ruso, y turco).

Se rige por una forma de aprendizaje interactiva y social que conecta a sus usuarios entre sí, pudiendo mantener conversaciones a través de chats, busuutalk o grabaciones de audio. Los usuarios, además, actúan de estudiantes y tutores al mismo tiempo.

Cuenta con una versión gratuita con tarjetas de aprendizaje en las que además de enseñar vocabulario, nos explican cierto contexto como, por ejemplo, en qué tipo de situaciones usaríamos “hallo” o “guten Tag”. Además de conocer la forma escrita del vocabulario, podemos también escuchar su pronunciación.

En la versión premium, además, cuenta con conversaciones con hablantes nativos, cursos de viaje, ejercicios de gramática, acceso ilimitado a 12 cursos de distintos idiomas, test y certificados oficiales, y aplicaciones móviles con modo off-line entre otras ventajas.

Al contrario que Busuu o Duolingo, Openculture no es una aplicación con la que aprender un idioma sino una plataforma que reúne enlaces a una grandísima cantidad de materiales gratuitos encontrados en internet de todo tipo (vídeos, artículos, ejercicios, libros etc.) para el aprendizaje de 48 lenguas diferentes.

El trabajo es, por lo tanto, más autónomo, pero las opciones mucho mayores, puesto que se puede “jugar” con los materiales y crear nuestros propios ejercicios en vez de seguir una metodología ya estructurada.

Es una página web y aplicación gratuitas en las que los propios usuarios crean los ejercicios para los idiomas de los que son hablantes nativos. La oferta de idiomas varía dependiendo de la lengua en la que se quiera estudiar. Si la aplicación se usa en inglés, la variedad es mucho mayor. Este número está en constante crecimiento.

La forma de aprender es a través de pequeños ejercicios divididos en bloques temáticos y niveles.

Además, el usuario puede ver cuánto han utilizado sus amigos la aplicación últimamente fomentando la competencia sana entre los usuarios.

Con Memrise el usuario aprende de una forma dinámica y divertida basada en el uso de las flash cards y, al igual que con Duolingo, compitiendo entre amigos.

Un campeón mundial de memoria y un neurocientífico son las mentes que se encuentran detrás de la creación de Memrise. Estos han utilizado sus conocimientos científicos para un aprendizaje distinto pero eficaz. Partiendo de esta base científica, esta página web (y su correspondiente aplicación para teléfonos móviles) se rige por tres principios básico:

  • Asociar las palabras con imágenes
  • Adaptar la dificultad de acuerdo con la evolución en el aprendizaje del usuario
  • Mostrando las palabras como “plantas que necesitan riego”, es decir, recordando al usuario qué necesita repasar.

Esta página web gratuita cuenta, además de con ejercicios prácticos, con una biblioteca donde el usuario puede acceder a vídeos musicales o charlas de TED, entre otras opciones.

El aprendizaje está dividido en cursos (español básico I, español básico II…) que a su vez están subdivididos en niveles, como si de un videojuego se tratara.

Lingualia comienza preguntándole al usuario cuántas horas quiere dedicarle este al estudio cada semana adaptando así el curso al tiempo disponible de cada usuario, así como a la motivación de aprender una lengua. Es decir, los ejercicios realizados no serán los mismos para el usuario que ha indicado que aprende el idioma por diversión que para aquel que lo aprende por trabajo.

El procedimiento es similar al de Duolingo, con pequeños ejercicios divididos por bloques y con una plataforma en la que se compite con otros usuarios.

Existe una versión Premium que ofrece, entre otras opciones, lecciones en formato PDF o tiempo ilimitado para disfrutar de la plataforma.

Además, el profesor virtual Lingu guía al usuario a través de su aprendizaje.


Elige la que más se adapte a ti y a lánzate a aprender un idioma nuevo. Mucha suerte.

Gema

Choque de culturas

Mientras revisaba un texto en inglés, previamente traducido del alemán por una húngara, no podía evitar analizar la mezcla de culturas que se atisbaban en el mismo.

El alemán no es precisamente un idioma que se deje traducir con facilidad. La precisión de su vocabulario o el orden de sus oraciones suponen un reto para cualquier profesional, especialmente para alguien cuya lengua materna no es ninguna de las dos lenguas de trabajo.

El resultado en este caso era un texto que requería un esfuerzo excesivo para su correcta comprensión, aun así, estoy segura de que un gran número de lectores no conseguiría entender la totalidad del mismo. Esta brecha en la comunicación se debe principalmente al hecho de que se necesita tener ciertos conocimientos lingüísticos y culturales, a pesar de que el texto está dirigido a jóvenes sin estudios universitarios y que muy probablemente no tengan ningún contacto con la cultura y lengua alemanas.

La revisión de este texto, por tanto, se ha convertido en una laboriosa tarea de “sanación” en la que intento hacer llegar el mensaje a sus receptores. Para ello, con el texto original junto a la traducción, y manteniéndome en contacto con la traductora, analizo desde el punto de vista lingüístico y cultural cada segmento con el objetivo de romper la barrera que impide la comunicación.

Un ejemplo presente en este texto pero aplicable a otros tantos es el tipo de vocabulario “tabú” que varía de una cultura a la otra. Mientras en unas culturas la diferencia entre decir “personas discapacitadas” o “personas con discapacidad” no es relevante, en otras puede ser algo determinante en cuanto a que puede herir sensibilidades. Por supuesto, la intención del emisor no es en ningún caso ofender a nadie y, en el texto original, seguramente elija siempre los términos más adecuados para cada caso. Sin embargo, una traducción demasiado literal que no se adapta a la cultura meta puede llevar a malentendidos con consecuencias muy diversas. Pero este tipo de elecciones no varía solo de una cultura a otra, sino también de un contexto a otro, como podría ser que el uso genérico del masculino resulte sexista en ciertos casos mientras que en otros no afecte al resultado final.

Esto es, en definitiva, solo un recordatorio de la profundidad de la labor de la traducción, que muchas veces se nos presenta en forma de encrucijada en la que cuesta elegir el camino correcto y otras tantas como un callejón sin salida.

Gema