Cuando tu tía Concha viaja a Argentina – palabras que no siempre significan lo mismo

Desde hace un tiempo vivo en un ambiente muy internacional en el que la gente de mi día a día proviene de todas las partes del planeta pero que usamos el alemán como lengua franca, así que juntarme en pequeños grupos con hispano-parlantes es verdaderamente relajante precisamente porque nos entendemos con mucha facilidad. Pero, ¿de verdad nos entendemos tan bien como nuestros amigos no hispano-parlantes creen?

Un día íbamos un mexicano, dos bolivianos, una colombiana y yo, española (de la Cantabria profunda) en el autobús cuando yo dije que tenía agujetas mientras me miraba los antebrazos. Tardaron en reaccionar, hasta que el mexicano, que ha vivido un año en Castilla y León, abrió el debate: “sé a lo que te refieres porque ya lo escuché más veces en ese contexto pero para mí agujetas son esto” (se señaló los cordones de los zapatos). Yo no daba crédito pero he de decir que se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja en la cara. ¡Me encantan estas cosas! Así que decidí apuntar más palabras que para cada uno significan algo distinto.

Pues resulta que la porra de los policías en México es macana mientras que porra es cabeza en Colombia. En España las fresas, o frutillas, como dirían en Argentina, las comemos con nata pero, oye, en México también son fresas lo que en Colombia llamarían gomelo y en España serían los pijos y las pijas y… bueno, no vayas diciendo nada de tu amiga la pija en Honduras porque se podría malinterpretar, tanto como lo de correrse en España, aunque tu amigo boliviano solo te esté pidiendo que te desplaces; pero cuidado, españolito, cuando digas que vas a “coger” algo en México. ¿No es para volverse loco? Yo cojo el autobús, mis amigos canarios cogen la guagua, los mexicanos agarran el camión.

Si alguien te mama en España, te está emborrachando, pero cuidado con ponerle un “la” delante del verbo. Si consigue emborracharte, estarás mamado o borracho, pero también ebrio o embriagado. Mis amigos bolivianos, cuando no han bebido dicen que están sanos, en España dicen que están sanos cuando no tienen ni un catarro, aunque se hayan pasado con el vino, mientras que de quien no ha bebido se dice que está sereno.

 En México si alguien mama es que es alguien que te harta, lo que yo diría que es un cansino o pesado, sin embargo, un pesado es el que pesa mucho para mis amigas bolivianas.

Yo las playeras las uso para hacer deporte y obviamente me las pongo en los pies ¿obviamente? Para los mexicanos lo obvio es que te cubran el torso, pues una playera es nuestra camiseta, mientras que en algunos sitios las playeras son las chanclas, o chancletas, o sandalias. Lo que yo llamo playeras, en Asturias son playeros, pero muchos otros las conocen como bambas, deportivas, espáis

Yo friego mi suelo con la fregona y el caldero, mis amigas bolivianas trapean el piso con el trapeador y la cubeta, a esto último se le llama cubo en casi toda España pero bueno, yo es que soy de Cantabria. Provincia en la que el cerdo es un chon, o lo que es lo mismo: gochu en Asturias, chancho en Bolivia.

Yo si “manejo” es que tengo buen control sobre algo, pero en algunos países manejan su auto. Yo en cambio tengo coche, lo que otros llamarían carro. Pero para mí un carro es el de los caballos.

Al camarero yo le pido un zumo de pomelo pero ellos le piden al mesero un jugo de toronja. Y hablando de beber, en España nos vamos de cañas o nos tomamos unas birras, en México unas chelas y en Colombia unas pocholas. Aunque si decimos cerveza, creo que aquí no hay confusión.

Pero dentro de mi propio país he tenido algunos malentendidos al salir de la zona de Cantabria y Asturias (al vivir en Oviedo me di cuenta de que tenemos muchas expresiones que se utilizan en ambas provincias pero que no se entienden en el resto de España). En Cantabria, por ejemplo, llevar a alguien horcajadas es llevarlo a cuchus. Cuando algo abunda, es que hay a esgaya o asgaya (lo que también he escuchado en Asturias). Si te pones al sol, estarás a la testera’l sol. La baza es el retrete. Y jarcia es esa gente a la que es recomendable no juntarse. Pindiu es empinado. Y los cántabros no nos sentamos en el césped sino en el verde. Las zarzas en mi pueblo son las rajas y los tojos los helechos (con la h aspirada, si quieres que nos suene más natural). Aselarse es ponerse cómodo (sí, como las gallinas. Pero en Cantabria lo usamos también para las personas. Porque sí, porque somos así). Acaldar es ordenar, y si no acaldas nunca tu habitación, seguramente seas un bardal, lo que en otras zonas fuera de Cantabria llamarían “ser un desastre”. Cerner es alborotar, enredar, o meter las narices donde no te llaman. Y si ciernes, eres un cerneor. Jamar es comer, y lambión es aquel al que le gusta jamar (sobre todo dulce). Si tienes sinciu es que tienes muchas ganas de comer algo, por ejemplo algo triscón (crujiente). Una persona lumia es descarada, atrevida o repipi. Papo es el moflete; palabra que no suena muy bien en otras zonas (como aprendí a las duras) y lo que también aprendí al vivir con gente fuera de Cantabria es que la rodea o rodilla, es el trapo de cocina.

Pinar es poner de pie, y cuando digo que “no sé ni dónde estoy piná” es que estoy perdida o desorientada, o que no sé lo que está pasando.

Y después de nueve años de haber dejado atrás mi tierruca, sigo viviendo momentos en los que no sé dónde estoy piná. Pero he de decir que me encanta. Contadnos vuestros momentos en los que no sabíais ni dónde estabais pinaos, cuando un amigo de otra zona hispanohablante usó un palabro que no habíais escuchado nunca. ¡Necesitamos seguir alimentando el monstruo filólogo que llevamos dentro!

¿Por qué tenemos acento extranjero?

Todos conocemos a esa persona que habla con fluidez una segunda lengua desde hace años pero que sigue teniendo el acento de su lengua materna. O quizás tú hables otra lengua pero los hablantes de dicho idioma siguen identificando que no es tu lengua materna. ¿Por qué?

A la hora de tener o no acento extranjero influyen distintos factores como la entonación o la pronunciación de los fonemas(1). En el caso de este último, salvo las personas con algún tipo de trastorno del habla, los hablantes nativos de una lengua son capaces de pronunciar intuitivamente y de forma correcta los fonemas de sus lenguas maternas y sin embargo son incapaces de articular ciertos fonemas de otras lenguas.

aparato-fonador

(Fuente de la imagen)

El aparato fonador (compuesto por el sistema respiratorio, la laringe, las cuerdas vocales y las cavidades bucal y nasal, y el cual podemos ver en la imagen anterior) produce los fonemas gracias a combinar las partes del aparato fonador de distintas formas: abriendo más o menos los labios, situando la lengua en uno u otro lugar, etc.  Cuando un niño aprende a hablar una lengua (o dos, en el caso de los niños bilingües), la forma de articular los fonemas de dicha lengua se automatiza pronunciando cada fonema de manera inconsciente. En cambio, cuando aprendemos una segunda lengua a partir de cierta edad (en torno a los 5 años), contamos con una cantidad determinada de fonemas (los que utiliza nuestra lengua materna) teniendo que aprender el resto. En muchas ocasiones, ni siquiera somos capaces de diferencias un fonema. ¿Sabes las bromas que se hacen con los problemas de los hablantes de chino al pronunciar la r y la l? Pues bien, algo así nos pasa a todos.

El español cuenta con veinticuatro fonemas (cinco vocálicos y diecinueve consonánticos) siendo uno de los idiomas con menos fonemas de Europa, mientras que el inglés tiene un total de 36 (12 vocálicos y 24 consonánticos) que, a pesar de parecer mucho, sigue muy por detrás del lituano con sus 58 fonemas: 12 vocálicos y 47 consonánticos.

Comparación de los fonemas vocálicos en español (primera foto) con el cuadro vocálico del inglés (segunda foto)Gil_07_Vocales

(Fuente de la imagen)

Vowel-chart English

(Fuente de la imagen)

Centrándonos en el caso del inglés y el español (tema que llevo estudiando desde hace años y en el que me siento más cómoda), hay una clara diferencia en la cantidad de fonemas que usa cada idioma. Por lo tanto, un hablante de español que quiera pronunciar la palabra “hello”, por ejemplo, si en su variedad dialectal no existe la h aspirada, lo más probable es que al principio lo pronuncie con el fonema /x/ (la “j” española) y que ni siquiera note la diferencia entre los fonemas /h/ y /x/. Es decir, pronunciará la palabra inglesa hello con acento español.

Los sonidos /b/ y /v/ son fonemas en la lengua inglesa porque diferencian significados ya que no es lo mismo decir Berry (baya) que very (muy), y un hablante inglés realiza y nota esta diferencia con claridad. Por lo tanto, si alguien dice /beri/ de forma aislada, la palabra que el angloparlante va a entender es berry. En cambio, para un español no hay diferencia entre pronunciar /b/ o pronunciar /v/, por lo que no son dos fonemas distintos sino dos formas de pronunciar un solo fonema (es decir, son alófonos de un fonema). Si alguien dice /ventana/ (juntando los labios y soltando el aire de golpe al separarlos al pronunciar el primer sonido; como la “b” de ambición) y otra persona dice /ventana/ (pronunciando la “v” sin juntar del todo los labios, como en había), el hispanoparlante que lo escuche entenderá la palabra ventana en ambas ocasiones. A veces esto puede resultar tan divertido para un angloparlante como lo es para nosotros cuando hablantes de otras lenguas no diferencian entre pero y perro.

Un español, por lo tanto, usará sus 24 fonemas para hablar un idioma que usa 36, así que cada vez que use uno de esos 24 fonemas para pronunciar cualquier de los 12 que no conoce, tendrá acento español.

Entonces, para dejar de tener acento en una lengua extranjera ¿es tan sencillo como aprender los fonemas que no conocíamos? Me temo que no, puesto que los fonemas varían al hablar, dependiendo de, por ejemplo, qué fonemas tiene alrededor.

Ahora quiero que pronuncies la palabra barba de forma aislada.

¿Has notado una diferencia entre la primera “b” y la segunda? La primera, al iniciar frase, la pronunciamos como una “b” oclusiva (como en la palaba ambición, como ya comenté antes) mientras que la segunda es fricativa (como en había). Normalmente pronunciamos una “b” oclusiva cuando esta está aislada o cuando sigue a un fonema bilabial (por ejemplo, el fonema /m/, como podemos ver en la palabra ambición). Mientras que es fricativa en el resto de casos.

Si una persona que esté aprendiendo español pronuncia todas las letras (grafemas) “b” y “v” de una forma concreta, no va a tener mayores problemas para que le entiendan (como vimos con el ejemplo de la palabra ventana), pero tendrá “acento”, puesto que no es la forma “natural” de hablar español.

Lo mismo pasa con otros idiomas. En inglés, en concreto, la “l” también tiene dos alófonos en la versión estándar británica (conocida por sus siglas en inglés como RP). Al inicio de palabra, como en el ejemplo light, o entre dos vocales, como en silly, la “l” es “clara” (como la española) mientras que al final de palabra, como en hill¸ la “l” es “oscura” (muy parecida a la “l” catalana). En otras palabras, si no hacemos esta diferencia al hablar inglés es probable que nos entiendan, pero notarán que tenemos acento. Este tipo de diferencias son tan mínimas, que como nativos de un idioma apenas lo notamos, pero sí que notamos algo “raro” cuando alguien no lo hace correctamente.

Además de los fonemas, también influye la entonación, sin embargo, esta es más variable por lo que no ahondaré en ello en este artículo.

A aquellos que se pregunten si es posible hablar sin acento les puedo decir que pueden, al menos, conseguir que su acento sea casi imperceptible, pero requiere mucho trabajo, tiempo y conocimientos sobre la fonología de la otra lengua. Eso sí, siempre puedes ayudarte de pequeños trucos para conseguirlo. Échale un vistazo a otros artículos de este blog donde damos consejos para aprender idiomas.

Gema

 

(1) Fonema: Unidad fonológica que no puede descomponerse en unidades sucesivas menores y  que es capaz de distinguir significados. La palabra paz está constituida por tres fonemas     ( Diccionario de la Real Academia Española).

No, no se te dan mal los idiomas.

Cada vez escuchamos más afirmaciones como “soy un negado con el inglés” o “se me dan mal los idiomas” entre grupos de personas que hablan de viajar, de aprender nuevos idiomas, de los requisitos para obtener un trabajo… ¡Esto se acabó! Y no, no tenemos la “fórmula mágica” para que las personas nazcan sabiendo idiomas, pero sí que tenemos las claves para desmontar el mito. Aquí va nuestro último “empujoncito” del 2017:

1. Nadie es un negado para los idiomas. 

Es verdad que la aptitud de cada uno es un factor importante a la hora de llevar a cabo una tarea. Sin embargo, una persona no está destinada al fracaso desde que nace. Con esfuerzo y actitud se consiguen los objetivos. La edad es otro de los factores que influye, pero no tanto como se cree. El cerebro de los niños tiene mucha más plasticidad para absorber nuevos conocimientos pero el cerebro de los adultos tiene muchas más técnicas y métodos asimilados para hacerlo. ¡Nunca es tarde!

2. ¡Motívate!

La motivación personal, bien por causas externas o internas a la persona, es uno de los factores más relevantes en el aprendizaje de un idioma. No lo decimos nosotras, lo dicen numerosos estudios sobre la adquisición de un segundo idioma así como los manuales para los profesores y teorías de aprendizaje. ¿Te encanta la cultura británica?, ¿quieres ir a vivir a Australia una temporada?, ¿te piden un nivel de inglés para conseguir el trabajo de tus sueños? Seguro que así la predisposición para aprender cualquier lengua es mucho mayor, y la actitud y el esfuerzo dedicado a cumplir los objetivos en el menor tiempo posible también lo serán.

3. Elige unos buenos métodos de aprendizaje.

Los métodos de enseñanza y aprendizaje de un idioma han ido cambiando a lo largo de los años. Actualmente, se da mucha importancia a la enseñanza en contextos reales y en los que el alumno tenga una gran capacidad de interacción oral promovida por el profesor. Sin embargo, hay infinidad de métodos que se adaptan al nivel y necesidades de cada estudiante. Por supuesto, no hace falta ir a una academia para aprender un idioma. También hay métodos autodidactas que, aunque requieren esfuerzo y compromiso con uno mismo, dan muy buenos resultados. No todo es una cuestión académica y formal, como podéis ver en otros de nuestros artículos publicados, hay muchas otras actividades que se pueden realizar para mejorar. Os animamos a releer nuestro post: 8 trucos para aprender idiomas de forma autónoma.

4. Viaja, escucha, lee.

Sí, como lo lees. Lo mejor que puede suceder para aprender un idioma es ir una temporada a algún lugar donde lo hablen. Practicarás, conocerás gente, conocerás una nueva cultura y todo esto mientras tu cerebro va absorbiendo todo el conocimiento sobre el idioma. Tu motivación crecerá ya que la experiencia será positiva y te darás cuenta de que lo aprendido hasta el momento es útil y efectivo. Si no puedes hacer eso (entendemos que es difícil), intenta ir a algún intercambio de idiomas (language exchange), hacer amigos nativos del idioma que estés aprendiendo o participar en foros de intercambio de idiomas. Haz todo lo que puedas para tener el idioma elegido en tu día a día.

A todos estos consejos podéis añadir cualquier otro u otros que os sirvan para comprobar que… ¡nunca es tarde para aprender un idioma nuevo! ¿Os hemos convencido?

Marta

8 trucos para aprender idiomas de forma autónoma

  1. Dedícale tiempo todos los días

Ponte el objetivo de que no pase ni un solo día en el que no hayas practicado o aprendido ese idioma que quieres poder hablar. Habrá días en los que estés muy cansado y no tengas ganas de hacer ejercicios de gramática o aprender listas de vocabulario, pero eso no quiera decir que esos días no avances en tu aprendizaje. Escucha música, lee algo de tu interés (novelas, libros de temas que te interesen, revistas, etc.), ve una película o un capítulo de una serie en el idioma que estás aprendiendo. También puedes quedar con alguien con quien puedas hablar el idioma, como algún amigo o familiar, pero también algún tándem, o acudiendo a alguna quedada grupal para practicar el idioma que estás aprendiendo. La cuestión es tener contacto diario con dicho idioma.

  1. “Etiqueta”

Cuando comencé a aprender alemán, conviví con una húngara que había empapelado la casa etiquetando todo con el nombre (y su correspondiente artículo) de una infinidad de objetos. Me pareció excesivo, pero ahora que me tengo que comunicar solo en alemán, lo agradezco.

Decide qué quieres aprender, y apunta su nombre. Palabras de objetos que utilices en tu día a día o en tu trabajo, por ejemplo. Si trabajas en una oficina, puedes empezar etiquetando palabras como “calendario”, “ordenador”, “teclado”. Cuando te las hayas aprendido, quitas las etiquetas y le pones el nombre a otros objetos.

  1. Apunta vocabulario en lugares visibles

Una variante para aprender vocabulario es tener en una zona muy visible, una lista de palabras que quieras o necesites aprender. Puedes escribirlas a lápiz en una hoja de un bloc pequeño. De esta forma, solo tendrás unas pocas palabras y no te “agobiará”. Las que ya te sepas, las borras y las sustituyes por otras.

  1. Usa las nuevas tecnologías

Hoy en día hay un sinfín de recursos para aprender un idioma, como ya os comentamos aquí. Aprovéchate de esta ventaja para avanzar con mayor facilidad.

  1. Piensa en otro idioma

Cuando estés solo, intenta narrar lo que haces en la lengua que estás estudiando. De esta forma te darás cuenta de lo que aún no sabes decir. Apúntalo y entérate de cómo se dice. De esta forma, irás supliendo poco a poco las carencias que tienes a la hora de comunicarte en el día a día.

  1. Aprende mientras te tomas un descanso viendo tus redes sociales

Usa las redes sociales para aprender ese idioma siguiendo páginas o personas de tu interés que lo usen normalmente. Además, el vocabulario y las expresiones que aprendas de esta forma estará relacionada con algo de tu interés. Esto facilitará que puedas hablar de ello o que puedas leer o ver series, películas, programas, etc. en la lengua que estás aprendiendo. Esto, entre otras cosas, te aportará motivación y por lo tanto te ayudará a seguir mejorando.

  1. Cambia el idioma de tus dispositivos electrónicos

O de tus redes sociales. Tardarás poco en acostumbrarte porque probablemente ya te los conozcas de memoria y así ampliarás tu vocabulario sin esfuerzo.

  1. Busca una motivación y no te permitas olvidarla

Si empezaste a aprender este idioma es porque tenías una razón para ello. Sin embargo, a veces el arduo camino nos hace olvidar cuál era esa razón. Tenla clara (o claras) y si es necesario: apúntala. Cuando te encuentres en un momento de desmotivación, relee la razón o razones por las cuales comenzaste. También puedes grabarte hablando (o intentando hablar) dicho idioma, y cuando hayas perdido la motivación tiempo más tarde, vuelve a ver el vídeo para ver tu progreso. Verás que tu trabajo y constancia da resultado y recuperarás tu motivación.

 

Sé constante siguiendo estas pequeñas pautas y verás cómo acabas consiguiendo tu objetivo. Si conoces algún otro truco, cuéntanoslo. Estaremos encantadas de conocerlo.

Viel Erfolg! 😊

Gema

Páginas webs y apps para aprender idiomas

Internet ofrece un mundo de posibilidades para aprender un nuevo idioma, desde las más habituales, como ver vídeos, series, películas o escuchar canciones, hasta otras más innovadoras, rudimentarias o específicas. En este artículo presentamos algunas de las páginas webs donde se puede aprender un idioma de forma autónoma:

Halagada por usuarios e instituciones y ganadora de distintos galardones, Busuu es una comunidad on-line en la que el usuario puede elegir entre los 12 idiomas ofertados (alemán, árabe, chino, español, francés, inglés, italiano, japonés, polaco, portugués, ruso, y turco).

Se rige por una forma de aprendizaje interactiva y social que conecta a sus usuarios entre sí, pudiendo mantener conversaciones a través de chats, busuutalk o grabaciones de audio. Los usuarios, además, actúan de estudiantes y tutores al mismo tiempo.

Cuenta con una versión gratuita con tarjetas de aprendizaje en las que además de enseñar vocabulario, nos explican cierto contexto como, por ejemplo, en qué tipo de situaciones usaríamos “hallo” o “guten Tag”. Además de conocer la forma escrita del vocabulario, podemos también escuchar su pronunciación.

En la versión premium, además, cuenta con conversaciones con hablantes nativos, cursos de viaje, ejercicios de gramática, acceso ilimitado a 12 cursos de distintos idiomas, test y certificados oficiales, y aplicaciones móviles con modo off-line entre otras ventajas.

Al contrario que Busuu o Duolingo, Openculture no es una aplicación con la que aprender un idioma sino una plataforma que reúne enlaces a una grandísima cantidad de materiales gratuitos encontrados en internet de todo tipo (vídeos, artículos, ejercicios, libros etc.) para el aprendizaje de 48 lenguas diferentes.

El trabajo es, por lo tanto, más autónomo, pero las opciones mucho mayores, puesto que se puede “jugar” con los materiales y crear nuestros propios ejercicios en vez de seguir una metodología ya estructurada.

Es una página web y aplicación gratuitas en las que los propios usuarios crean los ejercicios para los idiomas de los que son hablantes nativos. La oferta de idiomas varía dependiendo de la lengua en la que se quiera estudiar. Si la aplicación se usa en inglés, la variedad es mucho mayor. Este número está en constante crecimiento.

La forma de aprender es a través de pequeños ejercicios divididos en bloques temáticos y niveles.

Además, el usuario puede ver cuánto han utilizado sus amigos la aplicación últimamente fomentando la competencia sana entre los usuarios.

Con Memrise el usuario aprende de una forma dinámica y divertida basada en el uso de las flash cards y, al igual que con Duolingo, compitiendo entre amigos.

Un campeón mundial de memoria y un neurocientífico son las mentes que se encuentran detrás de la creación de Memrise. Estos han utilizado sus conocimientos científicos para un aprendizaje distinto pero eficaz. Partiendo de esta base científica, esta página web (y su correspondiente aplicación para teléfonos móviles) se rige por tres principios básico:

  • Asociar las palabras con imágenes
  • Adaptar la dificultad de acuerdo con la evolución en el aprendizaje del usuario
  • Mostrando las palabras como “plantas que necesitan riego”, es decir, recordando al usuario qué necesita repasar.

Esta página web gratuita cuenta, además de con ejercicios prácticos, con una biblioteca donde el usuario puede acceder a vídeos musicales o charlas de TED, entre otras opciones.

El aprendizaje está dividido en cursos (español básico I, español básico II…) que a su vez están subdivididos en niveles, como si de un videojuego se tratara.

Lingualia comienza preguntándole al usuario cuántas horas quiere dedicarle este al estudio cada semana adaptando así el curso al tiempo disponible de cada usuario, así como a la motivación de aprender una lengua. Es decir, los ejercicios realizados no serán los mismos para el usuario que ha indicado que aprende el idioma por diversión que para aquel que lo aprende por trabajo.

El procedimiento es similar al de Duolingo, con pequeños ejercicios divididos por bloques y con una plataforma en la que se compite con otros usuarios.

Existe una versión Premium que ofrece, entre otras opciones, lecciones en formato PDF o tiempo ilimitado para disfrutar de la plataforma.

Además, el profesor virtual Lingu guía al usuario a través de su aprendizaje.


Elige la que más se adapte a ti y a lánzate a aprender un idioma nuevo. Mucha suerte.

Gema

Alternativas para mejorar la pronunciación en inglés

Como ya comentamos en posts anteriores, el aprendizaje de una lengua no tiene por qué consistir exclusivamente en estudiar vocabulario de memoria o hacer ejercicios de gramática sin descanso. En este caso en concreto, quiero hablar de una táctica que uso habitualmente en mis clases de inglés para mejorar la pronunciación de mis alumnos. Consiste en enseñarles rimas tradicionales en inglés, en especial aquella de “This is the House that Jack built” que con los años se ha convertido en mi preferida tras ver los resultados. El ritmo es tan natural como pegadizo y hace que resuene en nuestras mentes durante horas o días permitiendo al cerebro trabajar sin ni siquiera darnos cuenta, además el texto es muy repetitivo, lo que nos ayuda a machacar la pronunciación de ciertos fonemas y palabras Claro que para que funcione bien, habremos de conseguir aprender la pronunciación correcta para luego repetirla hasta que nos suene natural. Si estás aprendiendo de forma autónoma, te recomiendo que busques dicha rima recitada por una persona nativa. En este link, hay una versión que mantiene el ritmo pegadizo que necesitamos y una pronunciación clara.

Comienza escuchando la rima a la vez que lees el texto, parando y retrocediendo el audio las veces que necesites. Analiza con detenimiento cómo pronuncian cada fonema y cómo entonan cada frase. Escúchalo varias veces, aunque te llegue a resultar monótono. Tras saber pronunciar la rima, puedes comenzar a recitarla tú mismo.

El texto es el siguiente:

JACK

This is the house that Jack built.

This is the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the lady all forlorn,

That milked the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the man all tattered and torn,

That kissed the lady all forlorn,

That milked the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the judge all shaven and shorn,

That married the man all tattered and torn,

That kissed the lady all forlorn,

That milked the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the rooster that crowed in the morn,

That waked the priest all shaven and shorn,

That married the man all tattered and torn,

That kissed the lady all forlorn,

That milked the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

This is the farmer who sold the corn,

That kept the rooster that crowed in the morn.

That waked the judge all shaven and shorn,

That married the man all tattered and torn,

That kissed the lady all forlorn,

That milked the cow with the crumpled horn,

That tossed the dog,

That worried the cat,

That chased the rat,

That ate the malt

That lay in the house that Jack built.

Si te gusta el método y quieres seguir practicando tu pronunciación de esta forma, puedes continuar con otras de las muchísimas rimas en lengua inglesa como Humpty Dumpty o Jack and Jill. 

Espero que os sirva de ayuda y os motive a seguir aprendiendo inglés. Seguiremos dando más consejos 🙂

Gema

Canciones para mejorar nuestro inglés

Tras casi 10 años impartiendo clases de inglés, me he enfrentado a un gran número de dificultades y he tenido la suerte de tener un alumnado muy variado. Esto ha hecho que vaya desarrollando estrategias de enseñanza basada en el tipo de alumno que tengo delante y sus dificultades específicas a la hora de adquirir el lenguaje. Pero si hay algo que tengo más que demostrado es lo útil que resulta el uso de canciones a la hora de mejorar la pronunciación u otros aspectos de una lengua.

Normalmente recomiendo saber más sobre los gustos musicales del estudiante puesto que resultará más sencillo y agradable trabajar con una canción de su gusto. Y como ya he dicho, he tenido alumnos de todo tipo así que he ido tomando canciones de muchos estilos para mis ejercicios. Además, intento que las canciones tengan cierto mensaje o algo que me dé más juego para seguir trabajando con ella a otros niveles. Por ejemplo, uno de mis alumnos es gran fan de U2, así que aproveché este hecho para trabajar su pronunciación con una de las canciones del famoso grupo irlandés y que dejara de lado la a veces difícil de entender pronunciación de los hispano-parlantes que acaban de comenzar a aprender inglés. Elegí la canción Sunday, Bloody Sunday con la que corrigió la pronunciación de “bloody”, entre otras palabras, y además se enganchó a la historia de Irlanda del Norte. Esto nos dio interesantes temas de conversación en clase, y de lectura fuera de los horarios lectivos. Escogí esta canción porque sé lo importante que es involucrar a alguien en la cultura del idioma en el que está estudiando. Con él fue Irlanda del Norte. Con otra alumna fue de la cultura estadounidense de la que se acabó enamorando a través de artistas como Joan Baez.

Esta es una lista de las que he utilizado recientemente y el tipo de ejercicios que he hecho con ellas:

  • Con Sunday, Bloody Sunday de U2 me enfrentaba a un alumno que había empezado hacía pocos meses a estudiar inglés, por lo que me centré en la pronunciación y le expliqué de qué hablaba la canción. Leímos varias veces la canción. Al principio yo decía unas pocas palabras, y él las repetía, así hasta que se aprendió cómo se pronunciaba cada palabra. De deberes le mandé que se aprendiera bien la pronunciación porque el próximo día me la iba a leer. Además le pedí que leyera un poco sobre la historia de esa canción y que me hiciera una redacción sobre el tema. En la siguiente clase corregimos dicha redacción, me leyó la canción con su correcta pronunciación y a continuación iniciamos un debate sobre los hechos narrados en la canción. Mi alumno disfrutó mucho de aquella lección (al igual que yo) y la mejora fue notable.

  • Counting stars de Onerepublic me sirvió para darle un repaso a los tiempos verbales y a su vez machacar la pronunciación. La alumna para la que preparé los ejercicios con esta canción ya tenía un nivel mucho más avanzado, sin embargo, su pronunciación seguía estancada en ciertos aspectos. Me aproveché de la cantidad de rimas que tiene esta canción sin las cuales no sonaría bien para que la alumna llegara a asociar “signs”, “line” o “find” al mismo diptongo. Le preparé el típico ejercicio con huecos en blanco que tendría que rellenar al escuchar la canción (precisamente con las palabras que rimaban entre sí), de esta forma trabajaría la comprensión auditiva, la ortografía y la pronunciación al mismo tiempo. Además, para el día siguiente le pedí que, además de aprendérsela con la pronunciación correcta como siempre pido, que me buscara otra canción de este grupo en la que también hubiera un tipo de rima semejante. Al hacer esto, descubrió un gran número de canciones que le gustaban e hizo que comenzara a escuchar este grupo a diario continuando así con su progreso con el inglés.

  • Con Listening to the Man de George Ezra también trabajé las formas verbales. En este caso mi alumno tenía que cambiar todas las formas verbales: los presentes a sus pasados correspondientes y los futuros a condicional. Es decir, tenía que cambiar el presente simple de “I feel your head resting heavy…” por “I felt your head resting heavy…” La clara pronunciación de George Ezra, las repeticiones en esta canción y el ritmo relativamente lento resultaron de gran ayuda para el estudiante.

  • Tuve un alumno gran fan de las divas norteamericanas con el que un día dimos el tema de las condicionales, así que me salió casi automático prepararle algo con If I were a Boy de Beyoncé. Tras aprender la correcta pronunciación de la letra y tratar más en profundidad construcciones como la famosa “if I were”, le pedí que escribiera su propia versión de la canción. Las condiciones eran que tenía que tener rima y que tenía que tener la construcción “if I were”, pero no hacía falta que dijera “if I were a girl”, por ejemplo, por lo que podía dejar volar su imaginación. El estudiante escribió una canción que se llamaba “if I were a toy” y empezó a contar todo lo que haría si fuera un juguete. Me reí muchísimo con aquel ejercicio y él disfrutó mientras interiorizaba el uso del condicional.

Como ya os podréis imaginar, en casi 10 años me ha dado tiempo a hacer un sinfín de ejercicios con canciones (y por supuesto, otro tipo de ejercicios para mejorar el inglés), así que preguntad sin miedo o compartid con nosotras nuevas ideas que tengáis en la sección de comentarios. Sharing is caring 🙂

Gema

El reto de “traducir” acentos

A la hora de crear un personaje ficticio se hace uso de un sinfín de elementos para darle las características necesarias que le diferencian del resto de personajes en esa historia en concreto. La forma de hablar es solo un elemento más de ellos y, sin duda alguna, juega un papel muy importante. En algunas ocasiones, el autor pretende hacer más visible la diferencia geográfica o social de ciertos personajes. A veces, un dialecto en concreto hace más realista una historia o le da un toque específico, como el acento inglés británico a las películas de fantasía o ambientadas en época medieval. Y en algunos casos, incluso es de los elementos clave de la historia, como sucede en algunas películas de humor costumbrista como Ocho Apellidos Vascos o la francesa Bienvenidos al Sur.

En estos dos ejemplos, las diferencias lingüísticas crean la base humorística de las películas cuyos argumentos giran en torno al conflicto entre sur y norte del país. ¿Os imagináis que los personajes de estas películas usaran una variedad estándar del idioma? ¿O incluso otro dialecto? ¿Cómo sonaría Dani Rovira con acento mexicano y Clara Lago con acento peruano en esta película? Probablemente sonaría incongruente y fuera de guión.

En el momento en el que esta forma de hablar se pierde en la traducción, se habrá perdido con ella parte de la caracterización del personaje. ¿Cómo evitar, en la medida de lo posible, que esto suceda? Aunque podríamos escribir libros enteros sobre este tema, intentaré resumirlo en unas cuantas frases.

Se comenzaría, como es lógico, por un análisis exhaustivo de la finalidad del uso específico de acentos. Es decir, entender por qué y para qué se eligieron esos acentos y cómo afectan a la trama.

En el caso que nos ocupa, el objetivo es que se note la diferencia de acentos entre el sur y el norte del país y crear humor con ello. Se podría, por ejemplo, hacer un doblaje con dos acentos hispano-parlantes distintos basados en las diferencias lingüísticas de los hablantes de cada zona. Es decir, el personaje de Rafa es de Sevilla y su forma de hablar tiene ciertos rasgos característicos como, por poner unos pocos ejemplos, no pronunciar las /s/ (“eses”) entre consonantes, sesear o la aspiración de la /x/ (“j” ortográfica o la “g” cuando se pronuncia como “j”) frente a la /x/ (“j” fuerte) de los personajes vascos.  Estos rasgos se podrían utilizar para crear esa diferencia dialectal en el idioma meta. Pongamos, por ejemplo, que lo queremos traducir al inglés. Al decir “Hello, my name is…” Rafa podría decirlo con una h aspirada pero no pronunciar la /s/ de “is”, mientras que Amaia podría pronunciar “hello” con el fonema /x/ (“j” española).

Otra solución sería utilizar acentos de la cultura meta que representen algo parecido. En este caso, se podría utilizar un acento del sur de Reino Unido, frente a uno del norte. O incluso que una de las partes (los andaluces, por ejemplo) tengan acento mientras que la otra utilice una forma de hablar más neutral, de esta forma, cuando Rafa tiene que perder el acento andaluz para hacerse pasar por vasco, en el doblaje en inglés sencillamente usaría una versión más estandarizada del idioma.

Otra opción es que todos los personajes utilicen la misma variedad de la lengua pero con unos pocos rasgos específicos basados en los personajes de la versión original. Por ejemplo, los personajes vascos utilizan con frecuencia palabras malsonantes como el “me cagüen to’” que Amaia dice nada más comenzar la película. Esto se podría trasladar al doblaje y de esta forma, se notaría la diferencia entre ambos grupos de personajes.

Son posibles soluciones pero no existe una mejor que las demás. La decisión final dependería de qué es lo que quieren trasmitir los autores, por ejemplo, y qué es lo que están dispuestos a sacrificar.

Gema

Choque de culturas

Mientras revisaba un texto en inglés, previamente traducido del alemán por una húngara, no podía evitar analizar la mezcla de culturas que se atisbaban en el mismo.

El alemán no es precisamente un idioma que se deje traducir con facilidad. La precisión de su vocabulario o el orden de sus oraciones suponen un reto para cualquier profesional, especialmente para alguien cuya lengua materna no es ninguna de las dos lenguas de trabajo.

El resultado en este caso era un texto que requería un esfuerzo excesivo para su correcta comprensión, aun así, estoy segura de que un gran número de lectores no conseguiría entender la totalidad del mismo. Esta brecha en la comunicación se debe principalmente al hecho de que se necesita tener ciertos conocimientos lingüísticos y culturales, a pesar de que el texto está dirigido a jóvenes sin estudios universitarios y que muy probablemente no tengan ningún contacto con la cultura y lengua alemanas.

La revisión de este texto, por tanto, se ha convertido en una laboriosa tarea de “sanación” en la que intento hacer llegar el mensaje a sus receptores. Para ello, con el texto original junto a la traducción, y manteniéndome en contacto con la traductora, analizo desde el punto de vista lingüístico y cultural cada segmento con el objetivo de romper la barrera que impide la comunicación.

Un ejemplo presente en este texto pero aplicable a otros tantos es el tipo de vocabulario “tabú” que varía de una cultura a la otra. Mientras en unas culturas la diferencia entre decir “personas discapacitadas” o “personas con discapacidad” no es relevante, en otras puede ser algo determinante en cuanto a que puede herir sensibilidades. Por supuesto, la intención del emisor no es en ningún caso ofender a nadie y, en el texto original, seguramente elija siempre los términos más adecuados para cada caso. Sin embargo, una traducción demasiado literal que no se adapta a la cultura meta puede llevar a malentendidos con consecuencias muy diversas. Pero este tipo de elecciones no varía solo de una cultura a otra, sino también de un contexto a otro, como podría ser que el uso genérico del masculino resulte sexista en ciertos casos mientras que en otros no afecte al resultado final.

Esto es, en definitiva, solo un recordatorio de la profundidad de la labor de la traducción, que muchas veces se nos presenta en forma de encrucijada en la que cuesta elegir el camino correcto y otras tantas como un callejón sin salida.

Gema

Por qué elegí esta profesión

472875_10200661064105217_940896246_o“Translation is not a matter of words only: it is a matter of making intelligible a whole culture.” Anthony Burguess

No diré que ojalá la traducción fuera sencillamente pasar un texto de un idioma a otro, porque si eso fuera así, no desearía ser traductora. Lo bonito de esta profesión es, sin duda, el factor más humano.

El contexto es normalmente el siguiente: existe un emisor del mensaje en una lengua fuente. Dicho emisor quiere hacer llegar ese mensaje a un receptor pero no existe una lengua franca entre ambos, por lo tanto, para que el receptor logre comprender el mensaje, ha de estar en otra lengua, la meta. Aquí entra el traductor, que hace de intermediario en la comunicación. Pasando el mensaje de la lengua fuente a la lengua meta. Terminado el trabajo. Pasamos a otro.

Esta es la teoría, de una forma un poco deshumanizada. Sin embargo, nosotras lo vemos de otra forma.

Tras haber vivido en 4 países en un ambiente siempre muy internacional, he llegado a reunir un gran número de anécdotas en lo referente a la traducción. Pero recuerdo una en concreto de mi año en la República Checa.

Volvía de Praga en tren a Brno, en un tren nocturno que había tomado a las 23:30. En esa época del año, los días eran cálidos pero por las noches  siempre refrescaba, así que cuando llegué al tren, le dejé mi mochila a mis amigos y fui al baño a cambiarme de ropa. Cuando ya había terminado, alguien llamó insistentemente a la puerta. Abrí, y me encontré de frente con una barriga uniformada, miré hacia arriba hasta encontrar el rostro, con gesto no muy amable, de uno de los agentes de seguridad de la compañía ferroviaria. Comenzó a hablarme en checo. En aquella época, mi checo era lo que yo llamaba “checo de supervivencia” pero está claro que ni siquiera a eso llegaba, pues no entendí nada de lo que me dijo. Él no hablaba inglés. Lo intentaba, pero apenas conseguía colocar tres palabras seguidas. “Follow me”, me dijo. No quería llevarle la contraria a alguien vistiendo ese uniforme, así que, con únicamente mi ropa de verano en la mano, seguí a aquel hombre.

Íbamos avanzando de vagón en vagón (mis amigos estaban en el último) y en cada uno de ellos se nos unían varios agentes más. En total, llegué a tener a cinco delante y cinco detrás. El tren paró. “Problemas de seguridad”, entendí. La gente se estaba comenzando a poner nerviosa. Ninguno de los miembros de seguridad del tren sabía inglés. Es decir, no teníamos una lengua en común en la que poder comunicarnos. Entendí que pidieron mi documentación y yo intenté explicar, en mi escaso checo, que estaba en el primer vagón (estábamos en el décimo). No me entendían. Al principio lo veía como una divertida anécdota que contar cuando volviese a España, pero en ese momento ya se había convertido en una tortura. El tren seguía parado, yo estaba cansada, nerviosa y solo quería salir de allí. ¡Cuánto daría porque una sola persona de estas diez que me tienen retenida supiera hablar español o inglés!

Saqué todo mi checo, perdido por cada rincón de mi memoria, para explicar que era una estudiante Erasmus, que había ido de visita a Praga, y que volvía a Brno porque al día siguiente tenía clase. “¿Y por qué no sabes checo?”, me preguntó una de las agentes de seguridad. Llevo semanas en este país, deme tiempo.

Mientras esperaba, mi idea del poder de la comunicación y el importante papel que juega la traducción tomaba más fuerza que nunca.

“Mi bolsa. Primer vagón. Mis amigos, allí. Mi bolsa. Primer vagón, allí. Mis amigos”. No me había vuelto loca, no. Esto era todo lo que podía decir en checo para explicar lo que pasaba.

Tras media hora de odisea, y 20 minutos parados en mitad de la nada, me dejaron regresar al primer vagón con la sola compañía del primer hombre. Recogí mis cosas, y me senté a esperar.

Si habéis leído esto hasta el final con la intención de saber qué pasó, siento decepcionaros, pero no lo vais saber. Porque yo misma sigo sin saber por qué me retuvieron a mí. Por qué vinieron a buscarme al baño. Por qué pararon un tren internacional en mitad de la nada durante 20 minutos por “problemas de seguridad” que tenían que ver conmigo. Por qué no me dejaron buscar a alguien que pudiera hacer de intérprete.

Seguramente la explicación es tan lógica como sencilla. Pero no la tengo.

Esto sencillamente me ayudó a no desviarme de mi camino: no quiero ser traductora. Quiero ser esa heroína sin capa en este tipo situaciones y en otras muchas. Quiero ser quien te haga llegar esa maravillosa novela. Quiero ser quien te permita entender lo que estás firmando. Quiero ser quien te ayude a vender tu producto en el mercado internacional. Quiero ser un soporte en la comunicación, no entre emisor y receptor, sino entre persona y persona.

Gema